domingo, 11 de noviembre de 2012

A Luis III: locos mundos

Loco, ¡pero loco lindo!
Me miras, tenés la certeza de verme ahí parado, en frente tuyo, mas no podés descifrar si yo estoy ahí, realmente. Quizás te esforzás, detenés la mirada, atenta en la mía, y aun así no lo conseguís. Una vez más, te probás errada, o al menos contrariada.
Te sonrío.
Te muestro una realidad. Te presento otra. Te dibujo una sonrisa, una en mis labios. Una en tu cara, también, igual.
Te abrazo.
Extiendo mis brazos, extiendo mi intimidad, te invito a pasar. Hola. Acá estamos, vos, yo, y yo también. Si te lo permitís, vos (vos) también podes venir.
Te lo permitís.
Enfrentamos entonces el cuerpo, ustedes y nosotros, y nos decidimos a saludarnos. Ahora sí: Hola. Nos damos los brazos, te saludo el codo. Mucho gusto, encantado. Hola, piel. Hola, escalofríos. Hola, cintura. Curvas, bosques, luces, sombras. Hola a tu mundo, te presento el mio.
Somos ciertos.
Ojos cerrados, cuerpos abiertos. En silencio, y así hablamos. Inclino la cara, te respiro. Escribo y describo en vos una manta, te abrigo desde tu cintura. Me respondés entre caricias, saludando en vientos y mareas, flotando.
Indeterminación.
Nadie sabe cuándo puede terminar. Te acerco. Me abrazás más fuerte. Tenés la certeza de tenerme ahí abrazado, en frente tuyo, mas no podés descifrar ya si estoy ahí, realmente.
Y desde dentro, te sonrío.

               Los locos corren
          por el pasto sin gritos
          por la pradera venenosa
          y por la piel entre la luna

               y los locos giran
          sin temor al mareo
               de la casa al árbol
          de la ayuda al horror

               cuando uno de los locos hable
          los cuerdos retozando en la penumbra
          oirán el ruido
          y verán las verdades

               los locos que parecen aprisionados
          por la muerte selecta del escándalo
          tienen pechos rugosos
          y bordeados de lumbre
               y los locos lo saben

               desde su atónito lenguaje
          por insterticios de meninges espectaculares
          los locos se precipitan
          a paralizar el mundo de la muerte
               aunque más no sea
          para sentarse a llorar

               no hay soles en sus días
          y en sus noches
          sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado

               por eso
          y porque la ventosa de fuego
          rebalsa de temor
          ante la fantasía de los sanos;
          el obturador de los locos está presto
          como una lanza
               y al perforarnos de una vez
          con una certera puntada entre la vida y el cielo...

          L.A.S. - guitarra negra - los locos

lunes, 5 de noviembre de 2012

A Luis II: quién soy ahora

Abro los ojos. Extiendo las manos, los brazos, sintiendo poco a poco el cuerpo. Giro sobre mí, siguiendo el acto reflejo de buscar en la ventana el horizonte, cruza del verde árbol, gris edificio, celeste cielo.
Un vago recuerdo de minutos antes se desvanece en el acto de volver a volver, de tomar conciencia del espacio inmediato anterior, despedir el cuerpo viejo, renacer en el nuevo mundo alrededor.
¿Quién fui recién? ¿Quién dejé de ser? ¿Cuánto de eso quiero saber? El tiempo pasado es anterior, el momento actual es infinito, el futuro es sólo promesa.
Hoy es hoy.
Hoy soy yo.
Yo soy yo.


           Ignoro quién era ayer yo mismo
           quién se atrevió a venir en mi
           pero sé quién soy ahora
           y soy un corazón
      una boca
      y un espíritu
L.A.S. - guitarra negra - parte primera - vi

lunes, 22 de octubre de 2012

señor sin secretos

- Vamos por partes, pero directo al grano: ¿tenés secretos?
- ¿Cómo?
- Dale, me escuchaste bien. ¡Secretos! Si tenés secretos.
- Ok. Emmmm... no.
- ¿No?
- No.
- ...
- No.
Ella levantó la mirada. Lo observó atentamente. No. No parecía mentir. Cero secretos, está bien. Aun así, no se iba a dar por vencida. Continuó por un instante con su actividad, disfrutando de cada doblez que realizaba en el papel. Poco tiempo antes aprendió a hacer una grulla y pretendía repetir el proceso, paso por paso, a fin de fijar conceptos. Se repetía la información, punto a punto y a sí misma, para poder retenerla. ¿No era lo mismo con los secretos?
- Y entonces, ¿cómo hacés para recordar?
- Seguimos con los secretos, veo.
- Vamos, en serio.
- Simplemente recuerdo.
- Te equivocaste.
- ¿Cómo?
- Ahí, te equivocaste. Ahí. Tenías que doblar al revés.
- Ah...
- Y con lo otro también.
- ¿También me equivoco?
- También tenías que doblar al revés...
¿Doblar al revés? ¿Qué quería decir ella con doblar al revés? Solía evitar hablar de absolutos, pero confiaba en poder asegurar que nunca tuvo secretos. Sin embargo, esta aseveración lo descolocó.
- ¿Al revés?
- Sí, al revés.
- No entiendo.
- No te pido que me confieses ninguna verdad, ni pido que retengas aquello que aun no has compartido. No me refiero a eso al hablar de secretos.
- ¿Entonces?

- Todos tienen secretos, pero no por eso dejan de estar abiertos con quienes tienen alrededor. Muchos secretos sirven para recordar informaciones importantes, y otros sirven para poder acercarse a aquellos seres que uno quiere, y que a veces necesitan que uno consiga retener ese secreto. Algunos sirven de cofre, mientras otros sirven de llave. Es así de simple.
Ahora fue él quien alzó la mirada, luego de corregir aquel doblez, siguiendo su consejo. La grulla estaba ya completa, al igual que su nueva concepción con respecto a estos secretos. Ella tenía razón, claramente. No se trataba de ocultar información, ni de hacer de ella un medio por el cual tomar distancia de sus seres queridos, sino justamente lo contrario. Todos tienen secretos, ¿y entonces?
- ¿Y por qué me contás esto?
- ja ja. Sabía que te lo preguntarías. La respuesta es obvia.
- ¿Cómo?
- Soy la señorita secretista.
- ¡Señorita..!
- Pero shhhhh... ¡No se lo digas a nadie!
Ya las grullas estaban terminadas, ya las dos se permitieron volar en los aires de la imaginación, a ese mundo interno, paralelo, en donde la percepción y valuación del silencio propio de los secretos carece de sentido alguno. Allá donde ellos dos también se permitieron ir, juntos, compartiendo aquello que los unía, como un secreto de intimidad.

Epílogo: la grulla es un animal que simboliza la prudencia y la vigilancia. Una antigua leyenda japonesa dice que quien haga mil grullas de papel recibirá un deseo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Lectura anunciada

"Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído" - J.L. Borges

Llegada

Joaquín llegó a orillas del lago Hallstätter See con los minutos contados, justo a tiempo para tomarse el ferry que lo llevaría al lado sudoeste, al pueblo de Hallstatt. Los últimos kilómetros del angosto camino adoquinado tuvo que hacerlos con el máximo esfuerzo, ya escuchando las campanadas que anunciaban la salida, al punto de exigir las juntas de su bicicleta a límites inimaginables. Una vez arriba del barco, aprovechó la hora de viaje para revisar todas las uniones, y verificar con gran alegría que las ruedas habían sobrevivido al último sprint. Finalmente respiró, suspiró airadamente y dirigió su mirada al cielo anaranjado del atardecer otoñal, agradeciendo la consideración del capitán, que bien podría haberlo abandonado a su suerte en la oscuridad del bosque del norte. Sabía que las noches en estos pueblos de montaña, y especialmente para esas fechas, podían ser lo suficientemente frías como para exigir el cuerpo al máximo y no contaba con las fuerzas suficientes como para aguantarlo, al menos no luego del recorrido de aquel día, habiéndose escapado a primer hora de la mañana con su bicicleta de Viena, casi trescientos kilómetros al este, pasando toda la cadena montañosa del centro del país.
Dada la poca cantidad de habitantes del pueblo, su presencia no pasaría desapercibida. Sin embargo, era un riesgo que debía asumir, más aun luego de la última conversación, la semana anterior, con su padre, momentos antes de ser secuestrado por los servicios de inteligencia.
El plan era claro: encontrar aquella persona que le permita descifrar la siguiente pista para seguir su camino hacia el sudoeste. El problema, cómo determinar quién era esa persona indicada, si es que realmente existía alguna. Ya estaba demasiado acostumbrado a huir, con su padre llevaban años dirigiéndose más y más al este, hasta llegar a Kiev con las últimas fuerzas del viejo hombre, donde finalmente desistió de sus planes y de su lucha, no sin antes pedirle a su hijo esta última tarea. Fue entonces que empezó su aventura en solitario, volviendo sobre sus pasos en algunos tramos, descubriendo nuevos caminos en otros, siempre a través de todo el terreno ya ocupado por el Nuevo Imperio, con el riesgo constante y latente de ser capturado a la primer distracción. Quizás esa latencia es la que lo impulsaba a ir cada día más fuerte, más lejos, más rápido. El primer día fueron algo más que 70 kilómetros, sólo para salir de la ciudad; al día siguiente consiguió pasar los 100 kilómetros, y de ahí en adelante continuó creciendo la distancia, cada vez más lejos de su padre, de su pasado, y cada vez más adentro del territorio hostil. Hallstatt era ahora el punto en donde su rumbo viraría hacia el sur, despidiéndose así del frío invernal que ya comenzaba a asomar en las altas montañas continentales.

Estadía

El ferry llegó al puerto con los últimos rayos de luz y Joaquín se apuró a alejarse del puerto, ante la posibilidad de encontrarse con algún guardia que lo deje en evidencia. Al poco tiempo, sin embargo, comprendió que no había lugar a donde huir, y que el pueblo podía ser observado de principio a fin, dada su pequeñez. Aun así, y para su tranquilidad, también pudo observar que aquella guardia que parecía inundar todos los lugares hasta ese entonces transitados, en este pueblo brillaba por su ausencia. Hizo un breve relevamiento de los alrededores: una cadena de casas pegadas una a la otra, una iglesia antigua y una cantina devenida en hostal parecían completar la postal. Ningún guardia, ni rastros de ellos, salvo la bandera oficial flameando en el campanario.
Notó también a la mujer que lo observaba desde la otra cuadra, con una sonrisa en su rostro que denotaba confianza y seguridad. Esto no hizo más que intrigarle, acercándose entonces para entender de qué se trataba todo esto. El hecho de estar esperando una respuesta, donde no existía una verdadera pregunta, le impedía circular con comodidad, y eso ya le estaba molestando demasiado en su ritmo paranoico.
"Hola, yo sabía que vendrías" - la escuchó decir. Odiaba escuchar frases tan trilladas, pero esta vez parecía ser demasiado cierta. Automáticamente exigió alguna explicación, no iba a dejar pasar la frase por alto. Así conoció a Rita, una de las más jóvenes de los 900 habitantes del pueblo, y de seguro la más joven nacida en el lugar. Pocos años antes, tras el avance imperial, los antiguos habitantes fueron expulsados de ahí, sustituidos por una legión de mineros a cargo de explotar el negocio de la sal. Ella fue de las únicas que encontró el modo de permanecer en su lugar de origen, a la espera de que llegue aquel invitado especial que justifique su residencia. Y ese era el momento. Y él lo entendió.

Encuentro

Joaquín entonces explicó con lujo de detalles sus últimos años de vida, desde el pasado militante de su padre, con sus enfrentamientos ante ese pequeño poder, ahora convertido en la principal fuerza política continental, a su negación, exilio y persecución; hasta su despedida y redireccionamiento, volviendo a sus orígenes, a su viejo hogar, a su vieja historia, a su vieja realidad, renovada con millas y millas de nueva vida. Rita escuchaba, atentamente, como quien contiene cada frase escuchada en un lugar de su memoria, como un libro leido en una infancia que nunca tuvo, pero siempre soñó. No conocía a este joven, ni mucho menos a su padre, pero todo aquello le sonaba tan familiar como si lo hubiera vivido, aun sin haber viajado siquiera a Viena en todos sus años de vida.
Luego, y con la misma facilidad con que percibía todo lo que le decía el visitante, se incorporó y se le acercó, apagando su discurso con un abrazo fuerte y dulce que pareció frenar por un momento el tiempo, transportándolos a un momento paralelo, y por un instante retirándolos de esa cruda realidad circunstancial. Por ese breve instante, que pareció toda una eternidad, Joaquín se olvidó de todo lo dicho anteriormente, de todo su viaje, de todo el plan meticulosamente diagramado, y volvió a ser él mismo, en su juventud, en su inocencia y picardía. Incluso su sufrida bicicleta parecía haber vuelto a ser aquella nave que se ganó con mucho sacrificio en su tierra natal, en las buenas épocas.
Una vez pasado ese instante, y ya con Joaquín a su entera disposición, Rita lo tomó de la mano y lo condujo hasta la última construcción del pueblo, una pequeña casa no muy distinta a todas las del lugar, con su característico techo oscuro, y lo invitó a entrar. Una vez ahí, lo invitó a pasar más y más adentro, como destapando, puerta tras puerta, fragmentos de una historia encontrada. Finalmente, cuando ya no quedaban más puertas que abrir, llegaron a una pequeña biblioteca atestada de viejos documentos y una pequeña mesa en el centro, con un cuaderno de tapa verde y hojas amarillas allí reposado. Ella lo tomó, lo desempolvó y se lo entregó al muchacho, mirándolo fijamente a los ojos, ansiosa por esperar su respuesta.
Joaquín tomó el documento y lentamente fue abriéndolo, mientras espiaba por el rabillo del ojo la mirada de la mujer. De repente entendió perfectamente a qué se debía semejante reacción, y supo en un instante todo el sentido de su viaje y el esfuerzo que tuvo que realizar para pasar por este pueblo perdido en plena montaña austríaca: en frente suyo, mirándolo fijamente tras aquellos años de historia y hojas, se encontraba el más perfecto autorretrato que podía imaginarse, junto con su fiel bicicleta, y una frase, una sóla frase, que resumía todos los miles de kilómetros de ruta en 12 centímetros de literatura: "el camino se genera desde la voluntad y toma su forma a partir de la acción presente - autorretrato de un viaje por venir y por volver".

Retirada

¿Cómo podía ser cierto? ¿Quién podría haber hecho ese retrato profético? La única respuesta podría darla Rita, quien simplemente sonrió, se acercó al muchacho perplejo, y repitió: "yo sabía que vendrías". Nuevamente lo abrazó, demostrando que ese espacio estaría por siempre esperándolo, en ese pueblo en donde ningún imperio podría sentar sus pies, y Joaquín retomó su ruta, pero ahora con un único destino cierto: volver.

domingo, 9 de septiembre de 2012

A Luis I: poema no resuelto

Se dice que las almas elegidas guardan una relación especial con aquel que viene a buscarlos en los últimos días; posiblemente un enamoramiento, o un respeto a quien en vida demostró el valor de ser uno mismo. Nadie tiene la certeza de saber el momento pactado para la despedida; quizás éste es demorado, a fin de permitir una digna despedida en este mundo terrenal; o quizás urge el deseo de poder contar con su presencia en aquel espacio en donde a todos esperan y a todos reciben el día después del último día.
Un día de febrero, el flaco recibió esta visita, y sonrió, como siempre; y agradeció la posibilidad de saludarse, presentarse y encontrar ese camino que durante años buscó en clave de sol. El visitante, entonces, se tomó el atrevimiento de adelantarse al tiempo, tal era el deseo de contar con su compañía... pero no notó, en su ansiedad, que no podría llevarse más que ese momento, ya que su esencia permanecería siempre presente, atemporal, en la memoria de todos los demás mortales.
Hombre de luz, que vuelas al espacio, señálame la ruta al sol.
Quiero estar allí volando de un modo azul
sentir sus colores mañana en su luz… - L.A.S.
También se dice que allá por 1978 ese hombre, aquel a quien el tiempo le dio toda la razón y reconocimiento merecido, decidió poner un freno en su ya prolífica historia como compositor de himnos de nuestro rock nacional, para escribir su primer (y único) libro de poemas, versos en manuscrito, almas entre pausas, comas y acentos.
En estas letras, con un poco de atención, todavía se lo puede ver a él, danzando entre líneas, disfrutando de cada expresión plasmada, entregándose en cuerpo y alma a la hoja frente a su ser. Como en el siguiente poema donde - quizás irresoluto, quizás con una resolución autogenerada en su propia esencia - Luis se muestra a sí mismo como el caballero literario que es...
     Este verdadero poema
no ha sido resuelto aún
pero quiere vivir bajo su forma
     aquí,
como sea
     yo intento atraerlo hacia nosotros
creo poder transmitir apenas un mote de su espíritu
y en ello dejo buena parte de mis comisuras
     quizá con el tiempo
las estrofas y los versos se resequen
y musiten desde entonces
un sórdido dibujar de su descreimiento

L.A.S. - guitarra negra - escoria diferencial... - v

domingo, 2 de septiembre de 2012

murales

Un día de esos, el chico se sube al tren, con dirección a Tigre. Va viendo pasar las estaciones, la gente acompaña al día de sol, sobran las bicis, y los carritos. Se baja en Acassuso, ya le avisaron que es un muy buen lugar para estirar las piernas, y abrazar un rato el pasto con aire de río. Camina las cuadras que lo separan de su objetivo, encuentra un naranjo repleto de frutas, y agarra una para el camino. La disfruta, la siente en su mano, y no puede evitar ese instinto que guarda desde muy chico, toma envión y lanza ese disco de color vivo al cielo, una y otra vez. Juega a acompañar el vuelo con sus pasos, a regular la velocidad y la inclinación para encontrarse uno, dos, cinco pasos más adelante. Frena un instante, agarra nuevamente la fruta y se lo acerca a la cara. La analiza, la mira detenidamente, observando su forma, preguntándose cómo puede formarse algo tan hermoso de una semilla. Luego la huele, y nota ese perfume que le invade ya todas sus manos, su nariz y hasta sus pulmones, una y otra vez. Deja de caminar, e incluso cierra los ojos para prestarle aún más atención a ese olor, transportándose a uno de sus mundos paralelos, quizás propio de otra época, de otra región, pero que era tan fácilmente representado en esas circunstancias, con ella su compañera frutal.
Algunas respiraciones después, el chico sonríe y abre los ojos nuevamente, siguiendo así con su camino en este mundo urbano, hacia su prefijado objetivo, ese microcampo en medio de la ciudad. Baja la barranca por un camino escondido, donde no muchos se animan a adentrarse, pero los conocidos aprovechan para disfrutar de esta pendiente de poca gente y muchas aventuras. Saluda, se entretiene por un instante viendo a estos aventurosos en sus artes, y sigue bajando. Cuenta con todo el tiempo del mundo, sin nada que lo ate a algún tiempo futuro, pero el sol empieza a acomodarse cerca del horizonte, y - bien sabe él - los atardeceres en el río son un espectáculo digno de ver. Y no quiere perder la oportunidad.
Una vez en el río, se acerca al descampado, y observa rápidamente a toda la gente allí ubicada. No le sorprende la cantidad, sino que descubre, gratamente, que la actitud dista mucho de la observada en el resto de la ciudad. El ritmo se puede sentir distinto, el aire se percibe con olor a escape, y todos parecen disfrutar de ese anunciado ocaso. Encuentra entonces el lugar que más lo llama, se sienta, apaga la música y, por un momento, se dedica a aquietar el cuerpo y la mente, observando los veleros y las nubes en el horizonte, que ya empiezan a fundirse entre cielo y agua, agua y cielo. Luego, y aprovechando los últimos rayos de sol, toma su libro - El país de las últimas cosas (Paul Auster) - y se dispone a leer.
"Lo principal es no acostumbrarse, porque los hábitos son nocivos; incluso la centésima vez que te topas con una cosa, debes hacerlo como si no la conocieras de antes. No importa cuántas veces, siempre debe ser la primera. Esto es casi imposible, ya lo sé, pero es una regla absoluta"
¿Qué sería del mundo sin la sorpresa? ¿Qué ocurriría si uno conociese ya todo lo que le puede aparecer de aquí en adelante? ¿Estaría dispuesto a aceptar una rutina como propia, a repetir el proceso día tras día? ¿Es la comodidad de la costumbre una respuesta? El chico frena por un instante la lectura, intentando replicar en su memoria al menos uno de sus últimos días, sin grandes resultados. Respira algo más aliviado, y continúa leyendo.
"¡Tantos de nosotros nos hemos convertido otra vez en niños! No es que lo hayamos buscado, ya me entiendes, ni que seamos conscientes de ello. Pero cuando la fe desaparece, cuando comprendes que ni siquiera te queda la esperanza de recuperar la esperanza, entonces tiendes a llenar los espacios vacíos con sueños, pequeñas fantasías y cuentos infantiles que te ayuden a sobrevivir. Hasta a la gente más endurecida le resulta difícil contenerse; de repente dejan lo que están haciendo y se sientan a hablar de los deseos que han ido brotando en su interior"
Ahora la nueva pausa viene acompañada del recuerdo de años antes, siendo entonces un niño, y su costumbre de crear esos sueños, esos mundos imaginarios que lo acompañaron en largos momentos de soledad. Solía contar con una gran imaginación, y disfrutaba explorarla al máximo; y se sintió identificado con esto, ¿a quién no le gustaría volver a sentir esas emociones tan agradables, como un rescate ante situaciones desesperanzadoras? Pero ahora la cuestión era poder descubrir si era realmente necesario acudir a los sueños, como refugio. ¿Se puede disfrutar de los sueños, sin necesidad de refugiarse en ellos?
"La mejor política en la ciudad es creer sólo en lo que ven tus propios ojos. Aunque ni siquiera ése es un método infalible ya que muy pocas cosas son lo que aparentan ser, especialmente aquí con tanto que asimilar a cada paso, con tantas cosas que desafían el entendimiento (...). No es tan simple, ya ves, decir lisa y llanamente: <<estoy ante una criatura muerta>>. Tu mente parece negarse a formar las palabras, no puedes forzarte a pronunciarlas, ya que aquello que tienes delante no es algo que puedas separar fácilmente de ti mismo. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de aquello que te hiere; no puedes simplemente mirar porque, en cierto modo, cada cosa te pertenece, forma parte de la historia que se desarrolla en tu interior. Supongo que debe ser bueno endurecerse hasta tal punto que nada pueda afectarte nunca más; pero entonces te quedarías solo, tan absolutamente al margen de los demás que la vida se volvería imposible"
Llegado a este punto, ya deja de leer. El sol se encuentra despidiendo los últimos minutos de luz, las nubes rojizas y violáceas pintan el cielo, al mismo tiempo que las sombras de los árboles llaman a acostarse en el pasto, a la espera de las primeras estrellas de la noche. Entonces, en esa espera, vuelve su pensamiento a la lectura, y se descubre en esa sensación de pertenencia, en una sensación que lo lleva a ser uno mismo con todo lo que lo rodea. Ya le había pasado más de una vez, de encontrarse afectado por su entorno, y de preguntarse si era necesario eso, o si podía evitarse. Pero al mismo tiempo, tal como lo leído, entiende que forma parte de su misma esencia, y es ese comportamiento el que lo lleva a reforzar, una vez más, su concepción de la vida como una sucesión de efectos vinculares, que al mismo tiempo nos definen como individuos, como nos reune con el resto de la sociedad e, incluso, con el resto de los seres. Yo soy yo - se repite a sí mismo - y soy yo con el Universo.
Vuelve de su pensamiento, ya con el cielo cubierto de estrellas, y encuentra, en esta visión, su resguardo. Y no se trata entonces de buscar cobijo en la costumbre, ni tampoco huir en sueños, sin hacer frente a la realidad. Tampoco de cerrarse a aquello que sucede a nuestro alrededor, en la esperanza de que, si no lo siento, no existe realmente. Es parte de la vida, poder aprender a aceptar esa realidad tal como nos es presentada, y obtener lo mejor de ella, al mismo tiempo que uno da lo mejor de sí mismo, para así estar en comunión con todo aquello que nos rodea.
Disfruta entonces de esa sensación, de poder identificarse como individuo, pero al mismo tiempo como uno más dentro de algo mucho más grande, y de poder sentir que sus acciones generan resultados en ambas realidades. Disfruta también de esa responsabilidad, de ese poder, y de esa posibilidad.
Entonces decide volver sus pasos, retornar a la ciudad, pero ahora con otra idea en la mente, con otra percepción de esas personas a su alrededor, ya contagiado por la magia del lugar, con el cambio de ritmo ya asimilado en su cuerpo y en su pensamiento. Y en el camino de vuelta, se encuentra con un mural, y una última frase.
"Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver pero que no miran" - José Saramago
El chico no puede evitar sonreír, y pensar: José, tan cierto es tu pensamiento, y al mismo tiempo hay tantos actos, acciones y realidades que permiten refutarlo, cuando uno se anima a mirar...

Mural de José Saramago - Juan Díaz de Solís y Montes Grandes, Acassuso


jueves, 30 de agosto de 2012

Dolly al caminar

Era un día de febrero, allá en tiempos donde todavía no existían los celulares, los walkman todavía dominaban el mercado y los discman aun ni empezaban a aparecer. Las nubes de los días anteriores hicieron una pausa, permitieron que salga el sol para un rezago de verano, y subieron la temperatura, invitando al encuentro con el afuera.
Ella entendió, una vez más, que era el momento y que debía ser aprovechado. Dejó sus actividades rutinarias, acomodó todo en su casa planificando varias horas de ausencia, tomó sus guantes de lana, su campera roja, sus anteojos y su sombrero, y salió.
En la otra casa, ellos. Nosotros. Con esa energía, ansiedad e impaciencia propia de los (pocos) años, potenciada por los días de lluvia recientemente pasados, esperando ese momento de aventura, exploración y diversión. Ya estaban avisados, el primer día de sol vendría acompañado de esa salida, de ese escape, de ese momento juntos con ella.
Entonces, Dolly llegó a la casa a buscarlos. A buscarnos. Y ese espacio en donde el tiempo dejaba sus obligaciones de lado para que el curso natural de la vida pueda expresarse en pausas y espacios comenzó.
Salimos al bosque, subimos al arroyo, y seguimos el camino hacia arriba, siempre hacia arriba. Continuamos por ese camino que parecía repetirse una vez más, como otras veces, hacia algún lugar que todos conocíamos. Pero, una vez más, el camino dejó de ser el que parecía ser, para transformarse en una sala, un cuarto, un nido o un micromundo, en donde Dolly se permitía ser ella misma, abrirse y mostrar su esencia, compartirla con estos pequeños compañeros de viaje, entregándose siempre con esa paciencia y ese amor tan suyo.
De esa forma, fue ella quien se ocupó de enseñarles el comportamiento de las nubes, el nombre con que se las conocía, y quiénes eran las ovejas, los hongos y los flecos blancos que aparecían de vez en cuando en ese cielo azul. Fue ella también quien se ocupó de enseñar qué plantas eran propias del lugar, cuáles eran invitadas, y cómo reconocer los años de cada árbol, fieles compañeros en tanto tiempo de convivencia en el lugar, ese lugar que fue suyo, al cual siempre perteneció.
Fue también ella quien les mostró los secretos dentro de cada hoja, de cada arroyo, y de cada piedra. Más aun, fue con ella que los chicos aprendieron a ver más allá, a disfrutar de esos momentos, de esas pausas acordadas con el tiempo, de poder mirar el horizonte, y disfrutar así de esa realidad autogenerada, en donde reyes, duques y princesas se sentaban todos juntos a tomar el té en esa confitería, en sillones de coihue y ciprés, tazas de cuarzo y granito, y castillos de bosque y de nieve.
Con Dolly estos chicos, al igual que tantas otras personas, encontraron el puente que los vinculó, de ahí y para siempre, con ese lugar, con esa realidad.
Fue siempre su esencia, la naturaleza fue su hábitat natural, y las caminatas fueron su medio de comunicación, a partir del cual transmitió siempre todo su amor.

Hoy, 30 de agosto, se cumple un nuevo aniversario de tu nacimiento. Es ese momento en que  el cielo nuevamente se abre y permite un saludo del sol, un aplauso entre las copas de los árboles del bosque eterno que te recuerda, y un murmullo del arroyo que silba tu nombre.
Mucho en mi vida está marcado por todo lo que me permitiste compartir con vos, y mucho de vos me convierte en quien soy. Te llevo conmigo, en cada paso que doy. Te quiero, abuela


La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar - E. Galeano

domingo, 26 de agosto de 2012

Alas

Es jueves, y se hace de noche. La gente sigue en su ritmo acelerado de la semana, algunos consiguen escaparse de sus oficinas y se dirigen a un bar, otros esperan a sus compañeros, amigos o parejas para esa reunión pactada... pero unos pocos están arrancando viaje, a un lugar poco conocido, que no sabe de tiempos ni de ritmos. O sí. Pero distintos...
La sala está ahí, en donde siempre estuvo, esperando en silencio por los caballeros de la desarmadura dorada. Sus sombras saben que, dentro de poco, la luz vendrá acompañada de sonidos, vibraciones, emociones. Y ya no serán más ellas solas, y su mundo se verá modificado en ese tiempo que no existe, ese tiempo que no se define mas que en sí mismo.
El grupo llega, cada quien por su lado, cada cual de su mundo, de sus exigencias y existencias, y con este espacio que los contiene, que los reune, que los cobija y, por qué no, que los redefine.
Y se enciende la músicaY se prende la luz. Y se apaga el tiempo.
Y el cuerpo lo pide. Es quizás ese otro ritmo, de donde uno viene, que por un tiempo lucha desesperado por mantener el control de la situación; un ritmo que no entiende que uno es uno y es libre, que no entiende que las estructuras no están para controlar, y que siempre se puede ir más allá. Un ritmo que se ve desbordado, con el paso de la música, con cada vibración, con cada pulso, y que termina cediendo, dando paso a esas sombras, transformadas ahora en nuevos partícipes de esta fiesta, de este nuevo mundo.
Y uno aprende, en cada momento, de qué se trata la libertad.
Y entonces, cierra los ojos... y abre otro mundo.
Un mundo en donde esas sombras, esas formas que antes aparecían inmóviles a los lados de la sala empiezan a acompañar el ritmo, un mundo que tira abajo esas cuatro paredes y se extiende hasta donde la imaginación lo permita, o incluso todavía más. Y uno le da el gusto al cuerpo, le suelta la rienda, le da su espacio, y se deja llevar, se deja contagiar por esa fuerza. Y se permite probar, por un momento, qué ocurre si uno corta por un momento el curso lineal de la vida, mira a su alrededor, y salta al vacío, a un vacío repleto de sensaciones, impulsos, espacios, deseos, efectos, con la certeza de la incertidumbre, pero la confianza de que es en ese lugar en donde uno debe estar, porque ese lugar es uno mismo.
Y uno es uno.
Y en ese impulso, en ese lugar, uno abre los ojos y se encuentra con que ese mundo paralelo sigue ahí, que no se fue, esos cuerpos mitológicos continúan bailando alrededor, y uno siente la fuerza que lo arrastra a seguir esa danza que reta a duelo a cualquier atisbo de lógica.
Es entonces que uno aprende, también, que es uno con el mundo, con el mundo que lo rodea, y con esos seres danzarines que lo acompañan. En un momento sos Chaplin a principios de siglo, con galera y bastón, para luego cantar bajo la lluvia junto a Gene Kelly. O le cumplís el sueño a Juan Luis Guerra, transformándote en un pez. O, quién te dice, incluso en el mismo agua, o más aun, te convertís en nube, flotando en el espacio, regando y mojando a los demás.
Das un paso, y otro. O brazadas, o un sutil movimiento de alas, siempre hay lugar para la imaginación... y te encontrás con otro ser, otro más, en un punto en donde nadie sabe explicar bien por qué, pero esos mundos tan propios, tan personales, encuentran una realidad en común.
Y te acercás, tirás, empujás. Compartís lo que hasta ese momento fue solo tuyo, pero ahora deja de serlo, no porque te lo quiten, sino que entendés que lo rico está ahí, en poder construir entre dos, tres, o entre todos, una nueva situación, una nueva experiencia. Ya no es mas lo tuyo y lo mío, y hasta algún punto, no somos vos y yo.
Ya nos trascendemos.
Pero en esa trascendencia surge la posibilidad de explorarnos desde una nueva perspectiva, y entender las formas, el cuerpo, el movimiento y la reacción que eso genera. Los ojos son una simple herramienta entre muchas otras, que permiten una interpretación de lo vivido, pero ¡qué poco se ve si es ese el único órgano que utilizamos!
Ya el sonido se escucha diferente, ya el tacto está amplificado, el olfato mismo se nota distinto, se siente distinto. Y ya no hay necesidad de hablar, no hay necesidad de explicarle al otro qué estás vivenciando. Ya el otro está ahí, con uno mismo, y uno lo sabe. Ya no estamos solos.
Ya no somos solos.
La música sigue, y de momentos deja de estar ahí, o aparece sólo como testigo de esta nueva realidad, acompañando a estos seres que se encuentran una y otra vez, en cada impulso, en cada pulso, de frente con esta realidad generada, repitiendo y reafirmando: yo soy yo.
Como un giro del destino, finalmente, el tiempo vuelve a buscarnos, vuelve a rescatarnos de estas vidas paralelas, intentando traernos de nuevo a ese mundo que algunos osan llamar "real", con los ojos abiertos, las paredes de la sala nuevamente ahí, la luz encendida, las manos unidas... pero con esa sonrisa cómplice, y esa mirada compartida, que nos demuestra que no fue una simple ilusión, que ese mundo en donde estuvimos sigue ahí, y seguimos teniendo nuestras alas. 
Yo soy yo, lo entendí.

     YO
             SOY
                       YO

Y volver a ese mundo (¡o a este!), volver a encontrarme, volver a descubrirme, explorarme, y compartirme, está a mi alcance, y es sólo cuestión de proponérmelo.


Yo soy yo, y estoy dispuesto a demostrármelo, una y otra vez más.



PD: historias de los jueves de 2011, en clases del Sistema Milderman

jueves, 23 de agosto de 2012

12 besos

"planea doce besos como doce sorpresas"

               doce besos, doce versos
          en palabras que no fueron
               un beso a la prohibida, señal de encuentro
               otro beso por feo, y a su mirada

               uno mas al silencio, la sonrisa y la pausa
          que acompaña las palabras cuando valen
          lo que vale la palabra recordada

               un beso al momento compartido
          en besos, pasos y versos

               y un beso al abrazo que sorprende
          como kayros al suspiro de chronos
          al destino, robandole su tiempo

          

PD: te regalo algunos besos

martes, 14 de agosto de 2012

22 jun 2011 la union existe

Un texto que escribí el 22 de junio de 2011. Para poner en contexto, fue poco después de la erupción del volcán que tapó de cenizas a Bariloche, Villa la Angostura y todos los alrededores; y coincidió con una movilización de muchos vecinos que dieron lo mejor de sí para recuperar la ciudad.
A esta movilización le siguieron varias similares en las semanas siguientes, que permitieron recuperar muchos lugares públicos y privados, para reactivar la actividad turística de la que tanto depende la región.
Esa respuesta de la gente es, al día de hoy, un recuerdo que permanece fijo en la memoria de todos, y más allá de cualquier diferencia que pueda existir en el criterio de unos y de otros, es una actitud que llena de orgullo a más de uno.

Ayer terminé de entender que la unión existe. Es impresionante ver lo que se formó, la convocatoria por un bien común en mi pueblo, y eso me puso a pensar...
Y pude ver fotos, videos, notas, que hablan de gente que se dio cuenta de esto: cada uno tiene su vida, cada uno tiene un espacio propio, sus tiempos, sus prioridades. Todos llegamos al mundo y nos vamos del mismo solos, se puede decir...
...pero también estamos todos juntos, y unidos: siempre, en algún punto de este camino, nos encontramos con hechos, causas y azares, que nos demuestran que todo el resto de la gente influye en nosotros, así como también nosotros somos una influencia en el resto y, yendo más lejos: todos juntos conformamos un vínculo mucho mayor que la suma de las partes...
Está claro, somos seres vinculares! y como tales, nuestras vivencias dependen en gran medida de quienes nos rodean...
...y entonces me encuentro con un pueblo, una región completa azotada por la naturaleza, una vez más... pero, en respuesta, aquellos que, quizás, en su momento, seguían defendiendo la llegada al mundo y la despedida en soledad, esta vez se encontraron con otra realidad: cualquiera puede, desde un pequeño aporte, representar mucho, si en ese aporte incluye al de al lado. Y, si cada uno da su granito de arena (o lo mueve, lo barre, lo apalea, lo levanta), se pueden generar playas enteras de solidaridad...
...y vi gente mayor, y gente activa. Vi estudiantes, profesionales, incluso turistas. Hombres, mujeres, niños: todos aquellos que, más allá de sus propios problemas, más allá de su propia crisis personal, estaban ahí presentes, ayudando a levantar, mover, barrer cada granito de arena que el de al lado no podía mover. Un granito que no pertenecía ni al de al lado, ni a uno mismo: pero un granito que, sumado al que el otro movió porque YO no pude, generan esa playa...
Ayer, 20 de junio, aprendí, después de tantos años, a sumar. Una persona son dos manos, miles de personas son dosmiles de manos... pero, en los dos casos, es un alma entera la que entra en juego, una sola, de la cual todos somos parte, todos dependemos y todos somos responsables.
Ojalá lo que aprendí yo ayer haya sido aprendido por otros. Ojalá sirva como punto de partida, y entre todos podamos tomar conciencia de dónde estamos, y qué somos.
Aprendí a sumar: la unión existe, la unión acompaña, la unión protege, la unión nos permite crecer.
Yo voy a dar mi granito de arena. Por mi, y por todos :)



PD: fotos de cómo está Bariloche ahora: 
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.131228340285411.31124.124667310941514&type=3

viernes, 3 de agosto de 2012

Arena

"Tu única obligación en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo" - R. Bach


Ella llegó al lugar estipulado para la reunión 15 minutos antes de lo pautado. Miró al interior y no vio nada, la escalera no permitía encontrar ninguna mirada cómplice para corroborar que estaba en donde debía de estar. Entonces esperó.
Él ya estaba ahí, y lo estaba hace tiempo. Ya se había acostumbrado a hablar de horarios antes y después del momento de consenso. El tiempo ya lo había ubicado en su lugar, ese en donde debía estar. Y ese momento siempre era antes.
Pero los 15 minutos finalmente pasaron; y ella encontró el modo de llegar ahí, de llegar adentro; de poder participar; de poder, de algún modo, pertenecer. Al fin y al cabo, era ahí, entre toda esa gente, en donde estaba él. Y muchos más.

Porque él no era sólo él. y su lugar no era ese, su lugar no se encontraba en donde ningún otro puede estar y, por más que sea un lugar tan especial, no permitía hablar de uno mismo sin poner en la misma balanza el peso de los demás.
Él eran todos. Era el lugar, y era todavía más que eso. Era una convicción.
Y ya no se trataba de ella, ni de él.
Se trataba de un sueño, de un impulso. De encontrar eso que lo mueve a uno, y encontrar que, en ese movimiento, no estamos solos. Y hay otros que se mueven al mismo ritmo que vos, que otros te persiguen desde atrás, y algunos pocos te llevan ventaja, pero sólamente para mostrarte un camino, y ayudarte a tomar el impulso para trascender...

Entonces ella empezó, y con ella empezaron los demás a hacer eso a lo que vinieron, a realizar ese acto que los reunía en ese lugar, para poder luego extenderlo más allá de esas paredes, de esa escalera, de esa calle, y de ese barrio. Ella no lo entendió hasta ese momento, pero ahora todo estaba mucho más claro.
No hace falta más que la voluntad para poder hacerlo, y la determinación de poder llevar ese deseo a cabo, para poder cumplir con lo que, en otro tiempo, resultaba imposible. Y por más pequeño que resulte ese cambio, por más que uno no consiga apreciar su importancia o percibir cuál es su efecto, ese acto siempre produce una transformación. No es otra cosa más que un grano de arena, quizás... pero toda playa arranca por uno.

"Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable" - E. Galeano

domingo, 17 de junio de 2012

A papá




Son días como hoy, en donde el cielo está gris, la tarde oscura, y el frío del jardín contrasta con el calor del hogar, en donde uno encuentra el espacio para charlar con la memoria...
Es en esos momentos en donde uno viaja tiempo atrás, a encontrarse con un chico, un loco bajito, un espacio en el jardín, una pala y un árbol esperando su lugar. También, en su momento, un loco bajito (y verde). Y papá con su gorrito azul gastado, y su buen consejo de cómo hacer el agujero, y de dónde convenía plantar, dónde da mejor la luz, y el viento...
O volvés a viajar atrás, pero no tan lejos, y encontrarte con el loco un poco menos bajito, y el gorro azul suplantado por la boina colorada en el pelo (ya un poco invadido con algunas canas) del viejo... y entre medio de una actividad y de otra, del trabajo en el jardín, ahora arreglando una manguera, fuente de alimento del árbol previamente plantado y de muchos otros, la primer charla hombre a hombre del amor, y la frase "sabé que siempre podés contar conmigo" grabada a fuego en la memoria.
Y sin necesidad de viajar a un momento tan puntual, sino yendo y viniendo a lo largo de todos estos años, revisando todos los viajes en la camioneta, aerosilla, caballos o montañas, buscando en todas y cada una de nuestras conversaciones, ese detalle, ese consejo conclusivo... Poder ver, siempre, en todo, ese deseo, y esa buena intención de hacer que salga de mí mismo la voluntad de ser feliz en lo que soy, y de encontrar mi camino en aquello que me apasione, sabiendo encontrar el modo de acompañarme siempre al lado... y al mismo tiempo ser parte de mí.
¿La frase preferida? "Nadie es eterno"... Pero hay formas de ser eterno, hay detalles y actitudes que no se borran nunca... aunque te quedes o te vayas, siempre vas a estar ahí...
En este día gris, son recuerdos que me iluminan la vida. ¡Feliz día pa!
Te quiero,
b



Quedándote o yéndote - L. A. Spinetta


Y deberás plantar

y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida

Y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma

De tí saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí...

y esto será siempre así
quedándote o yéndote


viernes, 1 de junio de 2012

Lluvia

- ¡Hola! Te regalo un lápiz.
- ...
- ¡Sí! un lápiz. Te regalo. Para días como hoy.
- ...?
- ¡Para la lluvia! Tomá. Probá. Vas a ver:
- ...!
- ¡De nada! Ahora, dale una oportunidad.
- ¿A quién?
- ¡Al día! ¿No te parece?
- Pero...
- ¿No es divertido?
- ¡Es muy gris! Hace frío, te mojás, la gente va apurada... ¿Cómo va a ser divertido?
- Simple... ¡Usá el lápiz! Siempre va a existir el frío (¡qué sería de los abrigos sin su presencia!), gracias al cielo existe el agua, y siempre va a estar el hombre que en el apuro no se entere del paso del tiempo, ni consiga frenar su mundo para distinguir, entre esas gotas mojadas y frías de un día tan gris, todas y cada una de las sonrisas que dibujan todos aquellos que tienen en su poder un lápiz como el tuyo...
¡No te quedes triste, ni permitas que un día gris te apague, cuando existen tantas formas de alegrarte la vida, simplemente con prestarle un poco de atención a lo que te rodea! Es solo cuestión de tener a mano aquel lápiz, pincel, acción o pensamiento que te permita disfrutar cada momento, más allá del clima que te rodee...
- ...
- Es eso que algunos llaman actitud ;)



PD: link a Gabi rubi

domingo, 13 de mayo de 2012

El origen

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio
- proverbio indio -

Es difícil muchas veces entender el poder que tiene la palabra en nuestras vidas. En la tuya, en la mía, en la de todos... y a partir de todos. Es cada vez más fácil encontrar algún medio que permita publicar y divulgar lo que uno tiene ganas de decir, pero no ocurre lo mismo con lo que uno quiere expresar: existen muchos pensamientos, muchas experiencias, imposibles de expresar con palabras...

¿Cómo se puede explicar un silencio triste? ¿Cómo se lo puede diferenciar de una sonrisa alegre, cómo transmitir en palabras lo que un abrazo y una lágrima consiguen al encontrarse?

¿Cómo saber cuándo las palabras son, realmente, mejores que el silencio? y... ¿quién dijo que en el silencio no hay comunicación?

¿Cuántas palabras se necesitan para transmitir lo que una simple mirada y una sonrisa sincera pueden lograr en un segundo? y, sin embargo, ¿cuántas veces nos saludamos con una mirada? ¿Cuántas veces nos animamos a soltarnos, a permitirnos ver al otro, y presentarnos desde nuestro interior, abrirnos a los ojos de los demás?

El silencio no desprecia el valor de las palabras... pero le da espacio a la mirada, al gesto, al acercamiento y a la sonrisa...
Recuperar esta comunicación, permitirnos acercarnos al otro, poder decir mucho más que con palabras, depende como siempre de nosotros mismos...

¡Hagámoslo!   :)