martes, 12 de febrero de 2013

Allá afuera

Veníamos buscándonos hacía ya demasiado tiempo. Quizás por inercia, quizás por entender en esa búsqueda un destino con aire a futuro inmediato, mas aun incierto.
Pero veníamos buscándonos.
No dejaba de otear entre la multitud, sabía bien que en el momento menos oportuno se iba a dar ese encuentro. En cada escalera, en cada pasillo y en cada vereda, al momento de girar siempre inspiraba y sonreía.
Pero nada.
Ella sabía estar en ese mismo instante y lugar; lo hacía naturalmente, mas siempre un instante antes. Nunca llegó a escuchar la bocina del subte, el silbato del guardia en el tren, sino solo como un eco que le avisaba a aquellos hombres retrasados que era demasiado tarde para entrar. Que me avisaba a mi, una y otra vez más, que no era el momento indicado.
Pero siempre antes.
Estaba imposibilitada de tomarse el tiempo como compañero, solía alardear de su puntualidad, y de su capacidad de anticiparse a los hechos. Era una competencia que tenía ganada desde siempre, ella nunca debía esperar, ella nunca debía parar.
Pero a veces...
El tiempo es tirano. El tiempo es aquel que, en ese momento en que dudas un instante, un minúsculo espacio temporal en una eterna vida de seguridad, te presenta un cambio. No lo hace desde un formalismo propio de tu estructura, sino que lo explota en frente tuyo, o lo esconde en el lugar más incógnito de tu ser, o simplemente lo asoma por el rabillo de tu consciencia.
Pero te cambia.
No pretende tampoco transformarte la vida, no pretende destrozar todo aquello que, en su ayuda, supiste construir, paso a paso, minuto a minuto, sistema a sistema. Quizás se supone como un ajuste necesario para generar esa variación que ayude a compensar aquella monotonía que tanto ayuda al orden y la (falsa) seguridad que ella conlleva.
Pero te transforma.
Transforma tu predicción, transforma tu creencia de que lo que está por suceder es aquello que sabías que iba a suceder. Por un instante, por ese pequeño instante tan insignificante que a cualquier otro le resultaría absolutamente despreciable, te deja del otro lado de la vereda, sólo en el mundo, frente a frente contigo mismo, y te asegura que venís bien, o que venías bien. Pero en ese instante, te señala también, quizás, que todo puede suceder.

Y fue en ese instante que, finalmente, nos conocimos.

Sólo apareció, como un flash
a mil contra las luces, como un látigo
Y yo estaba ahí...
y todo daba vueltas
Nadie mas, nadie mas lo vio, sólo yo
...camino a su lado
y no lo conozco, no tengo idea
pero algo hay de mágico
lo escuché, lo gritó:
----
"Puedes ver más allá
no es raro que nadie quiera creer
y te dirán, sin entender, que no hay
nada allá afuera, nada allá afuera"
----
(y va a ser peor. Todo mal)
----
Y si vuelve a llover
quizá irá hacia el subte al calor
me dijo: "Acompáñame hasta allí,
y escúchame"...le dije: "Dame algo
para olvidar, no es real, no,
no quiero ni saber, oh no
no quiero saber nada más
ya no quiero ver, no. Ya no, ya no"
----
"Puedes ver más allá
no es raro que nadie quiera creer
y te dirán, sin entender, que no hay
nada allá afuera, nada allá afuera.
La vida es una ilusión
y nunca habrá suficiente tiempo
y te dirán, sin entender, que no hay
nada allá afuera, nada allá afuera...
vámonos...
Vetamadre - allá afuera

Vámonos    ;)

viernes, 1 de febrero de 2013

carta para Mylo

Hace ya algunos días que venía pensando en publicarlo, tras una lucha interna y egoísta que me impedía compartirlo.
Desde ya, podría arrancar excusándome en la sorpresa que trajo aparejada recibir una carta a la vieja usanza. Mentira. No niego que me haya sorprendido, hoy en día sólo suelen llegar cuentas, publicidades y más cuentas con dirección equivocada. Pero no justifica la demora.
El problema era el destinatario.
No por desconocerlo, sino justamente lo contrario. Tampoco por compartir buzón, en ese caso podría seguir camino, y esperar que él se acerque en su debido momento a recogerlo.
Lo conozco. La conozco, en realidad. Y también sorprende que la ya sorpresiva carta haya llegado a mi casa. No pude evitar leerla.
A continuación, la carta. Perdón por no escribirte antes, Mylo. Es toda tuya.

A Mylo:
Esta es tu carta de vida. Tomamos conocimiento de tu petición, hace ya algunos años que sabemos de tu necesidad de recibir esta carta, y desde ya pedimos disculpa por la demora. Normalmente esta carta es enviada antes de los veinte años de edad, pero en algunos casos nos vemos obligados a reeditar el texto.
Antes de seguir, nos vamos a permitir explayarnos un poco más en este tema. Creenos, va a ser por tu propio beneficio entender a qué nos referimos.
Consideralo parte del destino. Así como un texto, independientemente de su longitud, puede ser corregido una y mil veces antes de tomar su forma definitiva; lo mismo ocurre con la vida de uno. Puede existir una idea, un concepto de fondo que guiará al autor hacia un género específico. Puede incluso haber un atisbo de cuál será el desenlace final en la trama. Sin embargo, no puede definirse con certeza cuál será la consecución de palabras que llevarán a dicho fin y, más aun, buena parte del texto escrito puede ser borrado al instante, o permanecer durante largo tiempo para ser borrado recién en la última revisión.
Esta es la razón, justamente, por la que esta carta no está destinada a tus padres, ni la recibes en tu temprana edad. Son necesarios los primeros años para iluminar a la pluma que aquí escribe, a fin de que pueda completar la novela a posteriori. Pero no te olvides que esta vida que hoy llevas continúa en una constante revisión y, tal como sucede al escribir lo ya escrito, todo lo que continúe perteneciendo al futuro no es más que una hoja borrador, susceptible a cualquier cambio que el autor estime necesario.
Hoy te estamos entregando nuestro borrador final, que no es otra cosa más que eso: un borrador. A partir de ahora, nos desligamos de nuestro compromiso como coautor de tu vida, y queda en tus propias manos definir cómo será el texto final. Es muy simple: toda acción en que incurras tendrá una consecuencia asociada, y cuanto más actúes, más consecuencias lograrás.
Lo cual nos lleva a la primer conclusión: pensá en grande, pensá en positivo, pensá bien, y llevalo a cabo.
Naciste donde debías nacer. Podrás tener tus dudas, estamos seguros que te sentís mucho más identificada con una realidad absolutamente distinta, con boinas y rouge por las calles parisinas en una fría tarde de febrero, la llovizna en los adoquines y la torre Eiffel de fondo. Justamente, esto es parte de tus decisiones, y tranquilamente puede ser parte de tu destino. Queda en vos hacerlo realidad.
Sos especial y no es necesario aclarártelo. Tuviste la infancia que decidiste, con sus colores, picos, valles y relieves. El amor te persigue en tus pequeñas cosas, distribuido en cada detalle de tu personalidad, de tu aceptación y tu disfrute del entorno. Sabés ser amiga, amante, compañera, hija y mucho más. En tus hojas estaba escrita la llegada de tus hermanos, y tu vínculo con ellos, aunque es en tu actitud que se refuerza el mismo, día tras día. Vos los elegís día tras día, pulso tras pulso.
Querés saber del otro amor. De ese que te aparece a la vuelta de aquella esquina parisina, o perdida en ese colectivo por la ciudad. Ya aquella señora te lo anunció tiempo atrás, y compraste su idea de lo difícil que es ese amor. Corregite: no es tan imposible. Sí, es claro que en la soledad es en donde uno nota la ausencia. Pero es esa misma soledad que nos permite aceptar y recibir la compañía en el momento en que aparece. El amor va a aparecer, va a costar pero está ahí, agazapado, buscando sorprenderte en el momento menos esperado, pero más oportuno.
Tendrás dos hijos, ella y él. Primero vendrá el chico, cinco años más adelante su hermana, y más adelante serán ellos quienes rememoren aquella canción de fito, con un amor de hermanos de 11 y 6, construido en base a un Olimpo del cual vos serás la arquitecta. Serán en buena medida tu sol y tu luna, tu guía y tu espejo. Serán un fiel reflejo de tu esencia, y en ellos verás aquella pequeña criatura de décadas anteriores, que soñaba con ser la princesa en quien te convertiste.
Te darán felicidad, aquella felicidad que vos misma construiste, con tus decisiones.
El resto de la vida, ya será un enigma. El desenlace será sólo tuyo, tuyo propio, obra de tu propia pluma, de tu propia alma. Y esto será siempre así, quedándote o yéndote.

Mylo, esta es tu carta. Llegó a mí por esos caprichos del destino, que me fuerza a participar en este mensaje. No puedo evitar sentirme parte de esto, como otro ser en busca de mi propio sentido. Es, posiblemente, un sentimiento compartido de desear conocer qué me depara el futuro, y una sutil envidia de no haber recibido aún mi carta personal, la que me mantuvo en esta lucha los últimos días.
Existe un punto en este presente desde donde mirar hacia atrás no resulta difícil, y más aun al tomar conciencia de la importancia de los actos de uno, siendo esta realidad una consecuencia directa de mis actos pasados. Soy consciente de que hoy soy quien soy, gracias a mi mismo.
Es este mismo punto el que tiene justo en frente un abismo, y un pulso que me invita a saltar.
Hoy me entrego a mí mismo, me entrego a mi realidad, y salto.
Nos vemos del otro lado.

Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida
y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
de tí saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí...
y esto será siempre así
quedándote o yéndote.