Veníamos buscándonos hacía ya demasiado tiempo. Quizás por inercia, quizás por entender en esa búsqueda un destino con aire a futuro inmediato, mas aun incierto.
Pero veníamos buscándonos.
No dejaba de otear entre la multitud, sabía bien que en el momento menos oportuno se iba a dar ese encuentro. En cada escalera, en cada pasillo y en cada vereda, al momento de girar siempre inspiraba y sonreía.
Pero nada.
Ella sabía estar en ese mismo instante y lugar; lo hacía naturalmente, mas siempre un instante antes. Nunca llegó a escuchar la bocina del subte, el silbato del guardia en el tren, sino solo como un eco que le avisaba a aquellos hombres retrasados que era demasiado tarde para entrar. Que me avisaba a mi, una y otra vez más, que no era el momento indicado.
Pero siempre antes.
Estaba imposibilitada de tomarse el tiempo como compañero, solía alardear de su puntualidad, y de su capacidad de anticiparse a los hechos. Era una competencia que tenía ganada desde siempre, ella nunca debía esperar, ella nunca debía parar.
Pero a veces...
El tiempo es tirano. El tiempo es aquel que, en ese momento en que dudas un instante, un minúsculo espacio temporal en una eterna vida de seguridad, te presenta un cambio. No lo hace desde un formalismo propio de tu estructura, sino que lo explota en frente tuyo, o lo esconde en el lugar más incógnito de tu ser, o simplemente lo asoma por el rabillo de tu consciencia.
Pero te cambia.
No pretende tampoco transformarte la vida, no pretende destrozar todo aquello que, en su ayuda, supiste construir, paso a paso, minuto a minuto, sistema a sistema. Quizás se supone como un ajuste necesario para generar esa variación que ayude a compensar aquella monotonía que tanto ayuda al orden y la (falsa) seguridad que ella conlleva.
Pero te transforma.
Transforma tu predicción, transforma tu creencia de que lo que está por suceder es aquello que sabías que iba a suceder. Por un instante, por ese pequeño instante tan insignificante que a cualquier otro le resultaría absolutamente despreciable, te deja del otro lado de la vereda, sólo en el mundo, frente a frente contigo mismo, y te asegura que venís bien, o que venías bien. Pero en ese instante, te señala también, quizás, que todo puede suceder.
Y fue en ese instante que, finalmente, nos conocimos.
Sólo apareció, como un flashVetamadre - allá afuera
a mil contra las luces, como un látigo
Y yo estaba ahí...
y todo daba vueltas
Nadie mas, nadie mas lo vio, sólo yo
...camino a su lado
y no lo conozco, no tengo idea
pero algo hay de mágico
lo escuché, lo gritó:
----
"Puedes ver más allá
no es raro que nadie quiera creer
y te dirán, sin entender, que no hay
nada allá afuera, nada allá afuera"
----
(y va a ser peor. Todo mal)
----
Y si vuelve a llover
quizá irá hacia el subte al calor
me dijo: "Acompáñame hasta allí,
y escúchame"...le dije: "Dame algo
para olvidar, no es real, no,
no quiero ni saber, oh no
no quiero saber nada más
ya no quiero ver, no. Ya no, ya no"
----
"Puedes ver más allá
no es raro que nadie quiera creer
y te dirán, sin entender, que no hay
nada allá afuera, nada allá afuera.
La vida es una ilusión
y nunca habrá suficiente tiempo
y te dirán, sin entender, que no hay
nada allá afuera, nada allá afuera...
vámonos...
Vámonos ;)
