jueves, 30 de agosto de 2012

Dolly al caminar

Era un día de febrero, allá en tiempos donde todavía no existían los celulares, los walkman todavía dominaban el mercado y los discman aun ni empezaban a aparecer. Las nubes de los días anteriores hicieron una pausa, permitieron que salga el sol para un rezago de verano, y subieron la temperatura, invitando al encuentro con el afuera.
Ella entendió, una vez más, que era el momento y que debía ser aprovechado. Dejó sus actividades rutinarias, acomodó todo en su casa planificando varias horas de ausencia, tomó sus guantes de lana, su campera roja, sus anteojos y su sombrero, y salió.
En la otra casa, ellos. Nosotros. Con esa energía, ansiedad e impaciencia propia de los (pocos) años, potenciada por los días de lluvia recientemente pasados, esperando ese momento de aventura, exploración y diversión. Ya estaban avisados, el primer día de sol vendría acompañado de esa salida, de ese escape, de ese momento juntos con ella.
Entonces, Dolly llegó a la casa a buscarlos. A buscarnos. Y ese espacio en donde el tiempo dejaba sus obligaciones de lado para que el curso natural de la vida pueda expresarse en pausas y espacios comenzó.
Salimos al bosque, subimos al arroyo, y seguimos el camino hacia arriba, siempre hacia arriba. Continuamos por ese camino que parecía repetirse una vez más, como otras veces, hacia algún lugar que todos conocíamos. Pero, una vez más, el camino dejó de ser el que parecía ser, para transformarse en una sala, un cuarto, un nido o un micromundo, en donde Dolly se permitía ser ella misma, abrirse y mostrar su esencia, compartirla con estos pequeños compañeros de viaje, entregándose siempre con esa paciencia y ese amor tan suyo.
De esa forma, fue ella quien se ocupó de enseñarles el comportamiento de las nubes, el nombre con que se las conocía, y quiénes eran las ovejas, los hongos y los flecos blancos que aparecían de vez en cuando en ese cielo azul. Fue ella también quien se ocupó de enseñar qué plantas eran propias del lugar, cuáles eran invitadas, y cómo reconocer los años de cada árbol, fieles compañeros en tanto tiempo de convivencia en el lugar, ese lugar que fue suyo, al cual siempre perteneció.
Fue también ella quien les mostró los secretos dentro de cada hoja, de cada arroyo, y de cada piedra. Más aun, fue con ella que los chicos aprendieron a ver más allá, a disfrutar de esos momentos, de esas pausas acordadas con el tiempo, de poder mirar el horizonte, y disfrutar así de esa realidad autogenerada, en donde reyes, duques y princesas se sentaban todos juntos a tomar el té en esa confitería, en sillones de coihue y ciprés, tazas de cuarzo y granito, y castillos de bosque y de nieve.
Con Dolly estos chicos, al igual que tantas otras personas, encontraron el puente que los vinculó, de ahí y para siempre, con ese lugar, con esa realidad.
Fue siempre su esencia, la naturaleza fue su hábitat natural, y las caminatas fueron su medio de comunicación, a partir del cual transmitió siempre todo su amor.

Hoy, 30 de agosto, se cumple un nuevo aniversario de tu nacimiento. Es ese momento en que  el cielo nuevamente se abre y permite un saludo del sol, un aplauso entre las copas de los árboles del bosque eterno que te recuerda, y un murmullo del arroyo que silba tu nombre.
Mucho en mi vida está marcado por todo lo que me permitiste compartir con vos, y mucho de vos me convierte en quien soy. Te llevo conmigo, en cada paso que doy. Te quiero, abuela


La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar - E. Galeano

domingo, 26 de agosto de 2012

Alas

Es jueves, y se hace de noche. La gente sigue en su ritmo acelerado de la semana, algunos consiguen escaparse de sus oficinas y se dirigen a un bar, otros esperan a sus compañeros, amigos o parejas para esa reunión pactada... pero unos pocos están arrancando viaje, a un lugar poco conocido, que no sabe de tiempos ni de ritmos. O sí. Pero distintos...
La sala está ahí, en donde siempre estuvo, esperando en silencio por los caballeros de la desarmadura dorada. Sus sombras saben que, dentro de poco, la luz vendrá acompañada de sonidos, vibraciones, emociones. Y ya no serán más ellas solas, y su mundo se verá modificado en ese tiempo que no existe, ese tiempo que no se define mas que en sí mismo.
El grupo llega, cada quien por su lado, cada cual de su mundo, de sus exigencias y existencias, y con este espacio que los contiene, que los reune, que los cobija y, por qué no, que los redefine.
Y se enciende la músicaY se prende la luz. Y se apaga el tiempo.
Y el cuerpo lo pide. Es quizás ese otro ritmo, de donde uno viene, que por un tiempo lucha desesperado por mantener el control de la situación; un ritmo que no entiende que uno es uno y es libre, que no entiende que las estructuras no están para controlar, y que siempre se puede ir más allá. Un ritmo que se ve desbordado, con el paso de la música, con cada vibración, con cada pulso, y que termina cediendo, dando paso a esas sombras, transformadas ahora en nuevos partícipes de esta fiesta, de este nuevo mundo.
Y uno aprende, en cada momento, de qué se trata la libertad.
Y entonces, cierra los ojos... y abre otro mundo.
Un mundo en donde esas sombras, esas formas que antes aparecían inmóviles a los lados de la sala empiezan a acompañar el ritmo, un mundo que tira abajo esas cuatro paredes y se extiende hasta donde la imaginación lo permita, o incluso todavía más. Y uno le da el gusto al cuerpo, le suelta la rienda, le da su espacio, y se deja llevar, se deja contagiar por esa fuerza. Y se permite probar, por un momento, qué ocurre si uno corta por un momento el curso lineal de la vida, mira a su alrededor, y salta al vacío, a un vacío repleto de sensaciones, impulsos, espacios, deseos, efectos, con la certeza de la incertidumbre, pero la confianza de que es en ese lugar en donde uno debe estar, porque ese lugar es uno mismo.
Y uno es uno.
Y en ese impulso, en ese lugar, uno abre los ojos y se encuentra con que ese mundo paralelo sigue ahí, que no se fue, esos cuerpos mitológicos continúan bailando alrededor, y uno siente la fuerza que lo arrastra a seguir esa danza que reta a duelo a cualquier atisbo de lógica.
Es entonces que uno aprende, también, que es uno con el mundo, con el mundo que lo rodea, y con esos seres danzarines que lo acompañan. En un momento sos Chaplin a principios de siglo, con galera y bastón, para luego cantar bajo la lluvia junto a Gene Kelly. O le cumplís el sueño a Juan Luis Guerra, transformándote en un pez. O, quién te dice, incluso en el mismo agua, o más aun, te convertís en nube, flotando en el espacio, regando y mojando a los demás.
Das un paso, y otro. O brazadas, o un sutil movimiento de alas, siempre hay lugar para la imaginación... y te encontrás con otro ser, otro más, en un punto en donde nadie sabe explicar bien por qué, pero esos mundos tan propios, tan personales, encuentran una realidad en común.
Y te acercás, tirás, empujás. Compartís lo que hasta ese momento fue solo tuyo, pero ahora deja de serlo, no porque te lo quiten, sino que entendés que lo rico está ahí, en poder construir entre dos, tres, o entre todos, una nueva situación, una nueva experiencia. Ya no es mas lo tuyo y lo mío, y hasta algún punto, no somos vos y yo.
Ya nos trascendemos.
Pero en esa trascendencia surge la posibilidad de explorarnos desde una nueva perspectiva, y entender las formas, el cuerpo, el movimiento y la reacción que eso genera. Los ojos son una simple herramienta entre muchas otras, que permiten una interpretación de lo vivido, pero ¡qué poco se ve si es ese el único órgano que utilizamos!
Ya el sonido se escucha diferente, ya el tacto está amplificado, el olfato mismo se nota distinto, se siente distinto. Y ya no hay necesidad de hablar, no hay necesidad de explicarle al otro qué estás vivenciando. Ya el otro está ahí, con uno mismo, y uno lo sabe. Ya no estamos solos.
Ya no somos solos.
La música sigue, y de momentos deja de estar ahí, o aparece sólo como testigo de esta nueva realidad, acompañando a estos seres que se encuentran una y otra vez, en cada impulso, en cada pulso, de frente con esta realidad generada, repitiendo y reafirmando: yo soy yo.
Como un giro del destino, finalmente, el tiempo vuelve a buscarnos, vuelve a rescatarnos de estas vidas paralelas, intentando traernos de nuevo a ese mundo que algunos osan llamar "real", con los ojos abiertos, las paredes de la sala nuevamente ahí, la luz encendida, las manos unidas... pero con esa sonrisa cómplice, y esa mirada compartida, que nos demuestra que no fue una simple ilusión, que ese mundo en donde estuvimos sigue ahí, y seguimos teniendo nuestras alas. 
Yo soy yo, lo entendí.

     YO
             SOY
                       YO

Y volver a ese mundo (¡o a este!), volver a encontrarme, volver a descubrirme, explorarme, y compartirme, está a mi alcance, y es sólo cuestión de proponérmelo.


Yo soy yo, y estoy dispuesto a demostrármelo, una y otra vez más.



PD: historias de los jueves de 2011, en clases del Sistema Milderman

jueves, 23 de agosto de 2012

12 besos

"planea doce besos como doce sorpresas"

               doce besos, doce versos
          en palabras que no fueron
               un beso a la prohibida, señal de encuentro
               otro beso por feo, y a su mirada

               uno mas al silencio, la sonrisa y la pausa
          que acompaña las palabras cuando valen
          lo que vale la palabra recordada

               un beso al momento compartido
          en besos, pasos y versos

               y un beso al abrazo que sorprende
          como kayros al suspiro de chronos
          al destino, robandole su tiempo

          

PD: te regalo algunos besos

martes, 14 de agosto de 2012

22 jun 2011 la union existe

Un texto que escribí el 22 de junio de 2011. Para poner en contexto, fue poco después de la erupción del volcán que tapó de cenizas a Bariloche, Villa la Angostura y todos los alrededores; y coincidió con una movilización de muchos vecinos que dieron lo mejor de sí para recuperar la ciudad.
A esta movilización le siguieron varias similares en las semanas siguientes, que permitieron recuperar muchos lugares públicos y privados, para reactivar la actividad turística de la que tanto depende la región.
Esa respuesta de la gente es, al día de hoy, un recuerdo que permanece fijo en la memoria de todos, y más allá de cualquier diferencia que pueda existir en el criterio de unos y de otros, es una actitud que llena de orgullo a más de uno.

Ayer terminé de entender que la unión existe. Es impresionante ver lo que se formó, la convocatoria por un bien común en mi pueblo, y eso me puso a pensar...
Y pude ver fotos, videos, notas, que hablan de gente que se dio cuenta de esto: cada uno tiene su vida, cada uno tiene un espacio propio, sus tiempos, sus prioridades. Todos llegamos al mundo y nos vamos del mismo solos, se puede decir...
...pero también estamos todos juntos, y unidos: siempre, en algún punto de este camino, nos encontramos con hechos, causas y azares, que nos demuestran que todo el resto de la gente influye en nosotros, así como también nosotros somos una influencia en el resto y, yendo más lejos: todos juntos conformamos un vínculo mucho mayor que la suma de las partes...
Está claro, somos seres vinculares! y como tales, nuestras vivencias dependen en gran medida de quienes nos rodean...
...y entonces me encuentro con un pueblo, una región completa azotada por la naturaleza, una vez más... pero, en respuesta, aquellos que, quizás, en su momento, seguían defendiendo la llegada al mundo y la despedida en soledad, esta vez se encontraron con otra realidad: cualquiera puede, desde un pequeño aporte, representar mucho, si en ese aporte incluye al de al lado. Y, si cada uno da su granito de arena (o lo mueve, lo barre, lo apalea, lo levanta), se pueden generar playas enteras de solidaridad...
...y vi gente mayor, y gente activa. Vi estudiantes, profesionales, incluso turistas. Hombres, mujeres, niños: todos aquellos que, más allá de sus propios problemas, más allá de su propia crisis personal, estaban ahí presentes, ayudando a levantar, mover, barrer cada granito de arena que el de al lado no podía mover. Un granito que no pertenecía ni al de al lado, ni a uno mismo: pero un granito que, sumado al que el otro movió porque YO no pude, generan esa playa...
Ayer, 20 de junio, aprendí, después de tantos años, a sumar. Una persona son dos manos, miles de personas son dosmiles de manos... pero, en los dos casos, es un alma entera la que entra en juego, una sola, de la cual todos somos parte, todos dependemos y todos somos responsables.
Ojalá lo que aprendí yo ayer haya sido aprendido por otros. Ojalá sirva como punto de partida, y entre todos podamos tomar conciencia de dónde estamos, y qué somos.
Aprendí a sumar: la unión existe, la unión acompaña, la unión protege, la unión nos permite crecer.
Yo voy a dar mi granito de arena. Por mi, y por todos :)



PD: fotos de cómo está Bariloche ahora: 
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.131228340285411.31124.124667310941514&type=3

viernes, 3 de agosto de 2012

Arena

"Tu única obligación en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo" - R. Bach


Ella llegó al lugar estipulado para la reunión 15 minutos antes de lo pautado. Miró al interior y no vio nada, la escalera no permitía encontrar ninguna mirada cómplice para corroborar que estaba en donde debía de estar. Entonces esperó.
Él ya estaba ahí, y lo estaba hace tiempo. Ya se había acostumbrado a hablar de horarios antes y después del momento de consenso. El tiempo ya lo había ubicado en su lugar, ese en donde debía estar. Y ese momento siempre era antes.
Pero los 15 minutos finalmente pasaron; y ella encontró el modo de llegar ahí, de llegar adentro; de poder participar; de poder, de algún modo, pertenecer. Al fin y al cabo, era ahí, entre toda esa gente, en donde estaba él. Y muchos más.

Porque él no era sólo él. y su lugar no era ese, su lugar no se encontraba en donde ningún otro puede estar y, por más que sea un lugar tan especial, no permitía hablar de uno mismo sin poner en la misma balanza el peso de los demás.
Él eran todos. Era el lugar, y era todavía más que eso. Era una convicción.
Y ya no se trataba de ella, ni de él.
Se trataba de un sueño, de un impulso. De encontrar eso que lo mueve a uno, y encontrar que, en ese movimiento, no estamos solos. Y hay otros que se mueven al mismo ritmo que vos, que otros te persiguen desde atrás, y algunos pocos te llevan ventaja, pero sólamente para mostrarte un camino, y ayudarte a tomar el impulso para trascender...

Entonces ella empezó, y con ella empezaron los demás a hacer eso a lo que vinieron, a realizar ese acto que los reunía en ese lugar, para poder luego extenderlo más allá de esas paredes, de esa escalera, de esa calle, y de ese barrio. Ella no lo entendió hasta ese momento, pero ahora todo estaba mucho más claro.
No hace falta más que la voluntad para poder hacerlo, y la determinación de poder llevar ese deseo a cabo, para poder cumplir con lo que, en otro tiempo, resultaba imposible. Y por más pequeño que resulte ese cambio, por más que uno no consiga apreciar su importancia o percibir cuál es su efecto, ese acto siempre produce una transformación. No es otra cosa más que un grano de arena, quizás... pero toda playa arranca por uno.

"Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable" - E. Galeano