martes, 5 de marzo de 2013

Ellos se entregan

- Contame. Necesito que me cuentes.
- Yo me ocupo. Quedate a mi lado, yo te voy a compartir todo. Soy tus ojos.
- No me dejes solo.
- No lo voy a hacer.
- Contame. Por favor contame.

- Se miran. Se presienten.
- ¿...Se desean? (breve suspiro).
- Si, se desean. Se acarician, se besan; se desnudan.
- No me cuentes. ¡No! Contame. No pares.
- Se adormecen, se despiertan, se iluminan, se...No, no puedo.
- ¡No me dejes!
- ...Se tantean. Se juntan, desfallecen. Se repelen, se enervan. Se apetecen... ¡No puedo!

- ¡Ya los siento! Se acometen, se perforan. ¡Se desmayan! Reviven...
- Si, ya los percibís bien: Se contemplan, se enloquecen, se desgarran, ¡se asesinan!
- ...resucitan. Se buscan.
- Se rehuyen. Se evaden.
- ...se entregan...

- ...se entregan.

Se miran buscando aquello que no se permitían encontrar. Se presienten en un destino cercano, saben que se acercan. Se desean, por vez primera y coincidente. Se acarician con suavidad, se besan en sueños, se desnudan en la realidad emocional, aun lejos de la física, pero muy cerca entre sí. Se adormecen, aceptando aquello que tanto anhelan. Se despiertan aceptando el encuentro, se iluminan al presente que los espera. Se tantean, el miedo todavía vigente de no saber resolverse. Se juntan, finalmente, cuerpo con cuerpo, piel y piel, y desfallecen. Se repelen por un instante, aceptan el breve espacio de ausencia. Se enervan de sólo pensar en ello, y se apetecen nuevamente.
Se acometen, ya no dudan. Se perforan en su coraza, se desmayan en aquella prehistoria de miedos e inseguridades, reviven en un espacio compartido y suyo. Se contemplan, ahora bien. Se enloquecen, al verse en sí mismos y en cada otro. Se desgarran, se asesinan, despidiendo así su pasado inmediato.
Resucitan con toda la certeza de haber encontrado aquello por lo que darían la vida. Se buscan nuevamente, para encontrarse ahí, frente a frente, mundo a mundo. Se rehuyen, en un juego de escape y recoincidencia. Se evaden, una y otra vez, para reaparecer en el camino del otro.
Una y otra vez.
Y se entregan, se entregan al otro, y a uno mismo, y a permitirse jugar con la suerte, tomando ventaja sobre la misma, disfrutando de ella, acercándose al otro como destino deseado, soñado y permitido.
Se entregan; como elección de futuro, presente y pasado que buscó ser hasta conseguirlo.

Se entregan...
Oliverio Girondo - 12 
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

viernes, 1 de marzo de 2013

Tumulto

No te creas que me vencerás.
No pienses siquiera que me convencerás.
Podrías creer que tenés algún poder de disuadirme, que tenés el control en la situación, que respondo a vos. No.
Te lo repito en gestos, y espero que lo percibas: ¡La vida es nuestra!
Te lo repito también en grupo: ¡La vida es nuestra! Es mía y de aquellos que me acompañan, en un sentimiento encontrado y compartido, en un movimiento que no podrás frenar, aun con el mayor de tus esfuerzos, aun con el mayor de los poderes que puedas inventarte.

La vida es de nosotros, los que hacemos la vida a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza.
La vida...
La vida aquella en la que no pretendo que me entiendas, la vida... aquella en que me impulso, en la que salto, en la que vuelo, en la que caigo una y otra vez. Y en la que me levanto.
Una y otra vez.
Mía.
Nuestra.
¡Nuestra!
Tumulto - José Portogalo 
Me trepan los insultos -mareas numerosas-

como trepan los hijos al cariño de un hombre.
Tengo las ansias llenas de ganarme en un grito.
Grito: ¡La vida es nuestra! y abro los horizontes.

Puertas de bronce viejo, de hierro remachado,
caerán cuando se agrupen las voces en un puño.
Hombres desvencijados, de espaldas a la vida:
así dancen las balas no serán de este mundo.

A los calvos de ideas, con sangre de pantano,
a los viejos que ensucian las palabras más altas,
les hago una advertencia: conmigo están los brazos
de aquellos que arrancaron de sus ojos las lágrimas.

La humildad -ese viejo mascarón- no hará suya
nuestra carne que es nudo de un clamor que echa ramas
y en sus climas oscuros, como a un árbol raíces,
nutren de savia pura los cuencos de su entraña.

Y ¡guay! del que esté en contra de nosotros, los pobres,
esos ríos de sangre, silenciosos y lentos,
que bajan hasta el pozo más hondo de la tierra,
que suben hasta el límite más alto de los cielos.

La vida es de nosotros los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.

Nos vejan, nos explotan, nos reducen a cero,
si agitamos un grito de protesta nos castran.
Nos orinan la baba de un exiguo salario
y nos cuadran en leyes como a burros de carga.
Y hablan de La Piedad, de La Bondad, del Arte,
sacerdotes, artistas, profesores, poetas,
los que en nombre del pueblo se erigen en vigías,
¡esos hijos de puta con almuerzo y con cena!

Ah señor Jesucristo: no queremos tus frases
-panes sin levadura-, magníficas, humanas,
que no son más que frases pero que nos inhiben
y destapan, astutas, nuestros poros de lágrimas.

No queremos tus frases. Yo que vengo de abajo
y que anduve entre obreros con hambre y manos sucias,
que sé lo que es el mundo, este mundo de mierda,
te lo digo derecho: tus palabras son putas.

Al carajo con todas las parábolas bellas.
Al carajo con todos los escrúpulos sordos.
Presentemos las armas proletarios del mundo
y a tiro limpio, firmes, vaciémosles los ojos.

La vida es de nosotros, los que hacemos la vida
a gotas de sudor, de ímpetu, de fuerza,
y que jamás o nunca tenemos una cama
donde cavar la hondura de un vientre en primavera.