Lunes, frío y no mucho más.
- Hoy te veo, acordate de estar lista que no vamos a tener mucho tiempo.
- Dale. Pero no te atrases.
- No me voy a atrasar.
- Dale. Te espero.
Martes. Mucho más que el lunes.
- Vamos, apurate que llegamos al tren.
- No, ¡pará! No puedo más.
- ¡Dale! Mirá, ya llegamos. Es acá, vení.
- Me da mied...
- Dale, entrá. Listo, ya estamos.
Miércoles, bastante lunes.
- ¿Cómo hiciste para llegar el otro día? Ayer el tren estuvo imposible.
- Tranquila. Hay que confiar. ¿Vamos de nuevo?
- ¿Estás seguro? No creo que lleg...
- Confiá en lo que te digo. Vamos a llegar.
- Bueno, dale, vamos. ¡Esperá! No... dale. Vamos.
Jueves. Solo. Sola.
- ¿Dónde estás?
Viernes.
- No te veo, no me contestaste. Ayer en el tren no estabas, tampoco. Si ves esto, avisame. Te salgo a buscar. La misma hora, el mismo tren. Quizás...
Sábado. Sol.
- Hoy de nuevo no te encontré, pero igual te vi. Te busqué en todos los vagones, en todas las caras.
En la señora del sombrero azul, que mira con su nostalgia inhibida.
En el señor que cree haber cumplido su ciclo, y disfruta de sus últimos viajes, como quien disfruta de un helado en invierno, en un día de lluvia.
En el chico que, tímido, se imagina saludando a la chica que, distraída, sueña con alguien que se le acerque a hablar de satélites y pergaminos olvidados.
En el maquinista que abre y cierra las puertas, abre y cierra las puertas, abre y espera para volver a cerrar. Abre y cierra los ojos, abre, respira, y cierra.
En el nene que disfruta el paisaje, la señora que disfruta de ver al nene, y la madre que disfruta de la señora que disfruta del nene.
En la mujer que aparece en el vagón buscando al hombre que ayer no vió, y que la sorprendió hace una semana perdida en sus pensamientos, como quien elige no observar, como quien decide omitir todo aquello que ve.
En ese hombre que, inquieto, elige un rincón del último vagón para esperar impacientemente que su tren llegue a su destino. Y que me mira con miedo cuando me acerco.
- Hola.
- ...hola.
Domingo. Vuelta.
-¡Hola! ¿Te acordás de mi?
- ¡Hola! Si, de ayer.
- ¿Te veo mañana?
- ¿Dónde?
- Acá, si no te molesta. Le podemos pedir permiso a la señora del sombrero.
- ¿A quién?
- Nadie, no te preocupes. ¡Te veo mañana!
Lunes, frío y no mucho más.
- Mirá...
Jorge Drexler - la edad del cielo
No somos más
que una gota de luz,
una estrella fugaz,
una chispa, tan sólo,
en la edad del cielo.
No somos lo
que quisiéramos ser,
solo un breve latir
en un silencio antiguo
con la edad del cielo.
Calma,
todo está en calma,
deja que el beso dure,
deja que el tiempo cure,
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo.
No somos más
que un puñado de mar,
una broma de Dios,
un capricho del Sol
del jardín del cielo.
No damos pie
entre tanto tic tac,
entre tanto Big Bang,
sólo un grano de sal
en el mar del cielo.