jueves, 10 de julio de 2014

Te miro

Quizás nunca estuvimos destinados a encontrarnos. Quizás había demasiado en la lista, demasiadas cosas por hacer, demasiados lugares para visitar, antes de siquiera estimar la posibilidad de poder cruzarnos.
Quizás, el día que nos fuimos a encontrar estábamos tan ocupados postergando la vida que no supimos hacer lo que debía hacerse con tal de poder, finalmente, permitirnos ese momento en donde yo te miro, vos me mirás y todo lo demás se transforma.
Quizás, ese día vivía en mis mejores sueños. Ese día confiaba en disfrutar de cada instante, bajo un constante esfuerzo de creer que las oportunidades de coincidir con alguien que sepa mirarte a los ojos y observar el alma son tan escasas que ni vale la pena intentarlo.

Todos saben vivir emociones fuertes. Todos aprenden a experimentarlas en algún momento de la vida. Algunos las sufren, otros las disfrutan, pero indefectiblemente todos creen llegar a un punto en que estas emociones no terminan de sorprenderlo. Quizás lo llamen experiencia, o algún que otro absurdo lo llamaría madurez.
Todos, así, también llegan al día en que cierran los ojos, cegándose a la posibilidad de encontrar a esa persona que va a saber entornar su vista en uno y saludarlo desde el corazón, entregando una sonrisa a cambio de un latido decorado con una respiración profunda y un suspiro que nace desde bien adentro, destinado a encontrarse con un abrazo dedicado desde lo más hondo de su ser.

Quizás ese día ya tenía sueño de vivir, y mis ojos estaban cansados de buscar. De buscarte y no verte en ningún lado, en ningún camino, en ningún recoveco de esta ciudad atestada de gente ya dormida.
Quizás me quedé despierto hasta tarde, no por insomnio, pero por una confianza infantil de que el destino no debía juzgarse con tan poco esfuerzo, y que un instante más despierto podría valer toda una eternidad de sonrisas y más emociones fuertes, de esas que uno creyó dominar y que vuelven, una y otra vez, para demostrar que te van a sorprender hasta las lágrimas.
Quizás nunca nos importó el destino el día (ese día) en que nos vimos por primera vez.

Me miraste.
Y sonreíste.

Miguel Ángel Bustos - Te miro 
Me alzo

a la altura de tus ojos. 
Crezco de a poco

en el silencio,
con el latido de mi sangre
y sobre el rumor de la piedra y el viento,
uno nuestras caras,
en los cuerpos que vibran cerca
y que nos miran,
acá y en nuestro lecho.
Por la piel
a través de los muros y la sombra.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Corriente

Llueve. Nuevamente llueve.
Con esfuerzo me repongo, me levanto y observo la ventana. Allá abajo, la vereda empapada y el pájaro que pelea con una hoja de árbol, un instante antes de ser arrastrada por la corriente.
Es tan influyente la lluvia: Te encuentra acompañado y hace de ese momento una experiencia única.
Te encuentra solo y te hunde en esa soledad. Quizás estás cómodo solo, pero ella viene y arrastra todo aquello que se va acumulando en la quietud de cualquier vida seca, y te desnuda, te deja de frente con quien la suerte te llevó a ser, fuera de toda conformidad absurda.
No hay excusa que te permita disfrazarte de alguien que no sos, cuando la lluvia llega.
Las hojas siguen arrastrándose por la vereda, empapadas, indefensas ante ese río que no cesa.

          Cambio.
                    Acción.

Abro la puerta y salgo a encontrarme con aquello que está ahí, esperándome. La corriente me espera, impasible, manteniendo su flujo. Camino, introduzco un pie, el otro. Me sumerjo en ella.

          Fluyo.
                    Ya no estoy solo.

AH, SI - Charles Bukowski

existen cosas peores que
estar solo
pero a menudo lleva décadas
darse cuenta
y la mayoría de las veces
cuando lo hacés
es demasiado tarde
y no hay nada más terrible
que
demasiado tarde.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Un día...

Un día me olvidé de cómo caminar.
Quizás fue la costumbre, quizás el aburrimiento, o la rutina, pero de un momento a otro descubrí que no conseguía conectarme con aquellas extensiones que partían de mis caderas y terminaban en cualquier destino donde solía dirigirme en otras épocas.
Intenté (en vano) enviar una señal, un pedido, una súplica, con la esperanza de recibir al menos un atisbo de respuesta, pero ya era demasiado tarde para que haga efecto. Nada. La nada misma, dos extremidades inertes que parecían mirarme de manera risueña y rebelde, cual adolescente que encuentra en sí mismo la posibilidad de dirigirse al mundo sin pedir permiso.
Me tendré que acostumbrar a esto. A lo que me acostumbré, al mundo en el que me quise dirigir hace años y del que no busqué salir en todo este tiempo, pero del que hoy, en esta situación, temo y rechazo.
Entonces recordé. Recordé para no olvidar.
Me fui años atrás, y disfruté de aquellas caminatas por el bosque, escuchando el viento que se avecinaba montaña abajo, frenando un instante y mirando a las copas de los árboles bailar y coquetear entre ellas, abrazándose y acariciándose con una lluvia de hojas alrededor. Disfruté de los olores de esos lugares, y el ruido del arroyo más abajo, invitando a saludarlo, a pasear las piernas por sus aguas heladas y sus rocas brillantes y sumergidas.
Seguí hurgando en el pasado, para emocionarme con la nieve, patinar en el hielo de una canilla abierta y olvidada en pleno invierno, embarrarme en los charcos de pleno otoño, refrescarme en las lagunas en verano, esconderme entre lupinos en primavera.
No dejé de pensar en los partidos con mi viejo o con mis amigos, o de salir a andar en bici, a caballo, o corriendo en plena lluvia, mojado pero feliz.
Después me volví un tiempo más hacia adelante. Uno a veces se olvida de algunas cosas, parece restarle importancia al tiempo de cada uno, cuando otras prioridades requieren más protagonismo del que uno consigue otorgarles.
En ese tiempo jugué a ser mayor, a enfrentarme con estudios, trabajos, responsabilidades. Caminaba elegantemente, hasta disfruté de jugar a ser un Señor de Traje y Corbata, con mayúsculas y en taxi. Cambié los vientos por ventiladores, los arroyos por avenidas, la nieve por el asfalto. No distinguía el frío del invierno del calor del verano, y cuando alguno de ellos osaba asomarse, lo expulsaba para no distraerme de mis urgencias.
En algún momento de aquel entonces, estoy seguro, es cuando mis piernas decidieron rebelarse. Empezó la derecha, como siempre, la más inquieta. Un tropezón en el escalón de la entrada al edificio en donde vivía fue el primer aviso, que luego derivó  en una ridícula discusión con el portero y la vecina del octavo piso que no paraba de reclamar algo con las palomas. Luego, un corte de luz que me obligó a subir esos 48 escalones por la escalera de servicio, razón que llevó a una posterior mudanza a una casa de planta baja y poca luz. Qué importa la luz, pensé. Y continué.
Así llegué al día de hoy, habituado ya a encontrar excusas del mal funcionamiento del cuerpo en los otros, ensimismado también en aprovechar cada limitación en pos de un mayor provecho en ese círculo vicioso al que uno le pone el título rimbombante de Responsabilidad. Vaya ilusión, pienso, pero poco a poco voy tomando consciencia de que algunas cosas no tienen vuelta atrás.
Sólo que, a veces, uno tiene suerte.
Así fue que, entre medio de toda esa vorágine de excusas, esquivando bultos por plena avenida y agolpándonos en trenes y colectivos en una tarde de hora pico y calor de febrero, dio la casualidad con nuestros cuerpos frente a frente, poco espacio y una sonrisa indisimulable en tu rostro.
Quizás no consigas creer en el destino, quizás estas casualidades las veas como simples hechos aislados, y podamos explicar este encuentro desde una secuencia de causas y más causas. Diez años de razones para atrás nos pueden llevar a ese encuentro. Pero nada de eso va a poder explicarme cómo esa mirada hizo saltar a mis piernas de nuevo a esta realidad.
Esa sonrisa y esa mirada me llevan inmediata e irremediablemente a ese mundo del que en algún instante del pasado me fui sin querer, y del que no quiero volver a irme.
Me diste la mano y me devolviste el impulso para ponerme de pie. Me diste un beso y me enseñaste a caminar de nuevo.
Hoy disfruto nuevamente de arroyos, lagos y montañas; de nieves, fogatas y bosques. Hoy mis piernas me entienden y me avisan que ya tuvieron suficiente con aquella vida tan alejada de mi mismo.

Hoy te miro, te sonrío, te beso, y te invito a caminar conmigo, a mi lado y sonriendo, hacia ese lugar tan nuestro.

martes, 1 de octubre de 2013

Calma

Lunes, frío y no mucho más.
- Hoy te veo, acordate de estar lista que no vamos a tener mucho tiempo.
- Dale. Pero no te atrases.
- No me voy a atrasar.
- Dale. Te espero.

Martes. Mucho más que el lunes.
- Vamos, apurate que llegamos al tren.
- No, ¡pará! No puedo más.
- ¡Dale! Mirá, ya llegamos. Es acá, vení.
- Me da mied...
- Dale, entrá. Listo, ya estamos.

Miércoles, bastante lunes.
- ¿Cómo hiciste para llegar el otro día? Ayer el tren estuvo imposible.
- Tranquila. Hay que confiar. ¿Vamos de nuevo?
- ¿Estás seguro? No creo que lleg...
- Confiá en lo que te digo. Vamos a llegar.
- Bueno, dale, vamos. ¡Esperá! No... dale. Vamos.

Jueves. Solo. Sola.
- ¿Dónde estás?

Viernes.
- No te veo, no me contestaste. Ayer en el tren no estabas, tampoco. Si ves esto, avisame. Te salgo a buscar. La misma hora, el mismo tren. Quizás...

Sábado. Sol.
- Hoy de nuevo no te encontré, pero igual te vi. Te busqué en todos los vagones, en todas las caras.
En la señora del sombrero azul, que mira con su nostalgia inhibida.
En el señor que cree haber cumplido su ciclo, y disfruta de sus últimos viajes, como quien disfruta de un helado en invierno, en un día de lluvia.
En el chico que, tímido, se imagina saludando a la chica que, distraída, sueña con alguien que se le acerque a hablar de satélites y pergaminos olvidados.
En el maquinista que abre y cierra las puertas, abre y cierra las puertas, abre y espera para volver a cerrar. Abre y cierra los ojos, abre, respira, y cierra.
En el nene que disfruta el paisaje, la señora que disfruta de ver al nene, y la madre que disfruta de la señora que disfruta del nene.
En la mujer que aparece en el vagón buscando al hombre que ayer no vió, y que la sorprendió hace una semana perdida en sus pensamientos, como quien elige no observar, como quien decide omitir todo aquello que ve.
En ese hombre que, inquieto, elige un rincón del último vagón para esperar impacientemente que su tren llegue a su destino. Y que me mira con miedo cuando me acerco.
- Hola.
- ...hola.

Domingo. Vuelta.
-¡Hola! ¿Te acordás de mi?
- ¡Hola! Si, de ayer.
- ¿Te veo mañana?
- ¿Dónde?
- Acá, si no te molesta. Le podemos pedir permiso a la señora del sombrero.
- ¿A quién?
- Nadie, no te preocupes. ¡Te veo mañana!

Lunes, frío y no mucho más.
- Mirá...


Jorge Drexler - la edad del cielo

No somos más
que una gota de luz,
una estrella fugaz,
una chispa, tan sólo,
en la edad del cielo.

No somos lo
que quisiéramos ser,
solo un breve latir
en un silencio antiguo
con la edad del cielo.

Calma,
todo está en calma,
deja que el beso dure,
deja que el tiempo cure,
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo.

No somos más
que un puñado de mar,
una broma de Dios,
un capricho del Sol
del jardín del cielo.

No damos pie
entre tanto tic tac,
entre tanto Big Bang,
sólo un grano de sal
en el mar del cielo.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Lluvia y silencio

Estás ahí.
Hoy te busqué entre la muchedumbre y no te vi. Pero siempre supe que estabas ahí. Es imposible buscarte sabiendo que puedo encontrarte en cualquier momento, fuera de la búsqueda y aun así dentro de ella.
Saberte cerca es lo que me mueve. Sentirte lejos, lo que me aterra.
Me reconozco en vos, me encuentro en vos. Observarte abriéndote entre tanta sombra me da coraje, me descubre un mundo de posibilidades que desde la soledad resultan insostenibles. Quisiera poder hablarte, poder decirte que

me muero

                   por hablarte

                                      directo.

Deseo encontrar el modo de acercarme y que nos descubramos lo suficientemente tarde como para que al menos uno de los dos pueda ver al otro a los ojos y entienda que todo va a estar bien, que vamos a estar bien.
Quiero hablarte, pero más quiero silenciarme frente a vos,
Quiero desnudar mis ojos ante los tuyos.
Quiero que la lluvia nos descubra un domingo caminando juntos, y que la sorpresa nos encuentre de la mano, empapados y sonrientes.
Quiero sonreír, empaparnos todavía más, mirarnos un instante más, detenernos 
el uno al otro, 
                   el uno en el otro, 
                                      el uno con el otro.
Quiero sentir la gota que baja por tu frente, recorre tu mirada y se duerme en tus labios.

Hoy la lluvia es quien me acompaña y la disfruto. Hoy el agua llega con su humedad hasta lo profundo de mi ser, hoy me empapa las emociones y las conecta con un mundo del que tengo miedo pero acepto como real.
Hoy amo lo que se presenta ante mí, hoy amo el silencio.

Amo esta soledad compartida,

pero

quiero compartirla

Miguel Angel Bustos - citas  
1. Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace. 
2. Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea imposible. Ama el silencio. 
47. Quiero ser eterno como si aún no hubiera nacido.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Temblor de Cielo

Te quiero. A veces es muy evidente, otras quizás consigo disimularlo un poco más, pero te quiero.
Me gusta imaginarme con un notable grado de ingenuidad que consigo encubrir mis emociones.
Te miro y tiemblo. Una breve vibración por el cuerpo, una sonrisa que nace en las costillas, que avanza y crece a medida que te acercás, para ahogarse en una sutil mirada que tanto querría decir pero no se anima a transformarse de idea a verbo. Te abrazo para poder cerrar los ojos y guardarme el rezago de la mirada entregada, todavía temblando, desnudo.
A las ideas se las lleva el viento, pero cuando estas ideas vuelven a aparecer, una vez tras otra, este viento que las conduce a lugares en otros tiempos desconocidos pasa a ser nuestro aliado. Las ideas entonces reaparecen con la fuerza de la experiencia vivida en mundos sutiles, en mundos emocionales y emocionantes, para exigir su merecido reconocimiento.
Las palabras son el hogar de estas ideas, cuando consiguen articularse de la manera adecuada. El miedo pasa a ser esa articulación. ¿Estaré siendo claro? ¿Podré expresar aquello que deseo?
¿Tengo miedo de no ser claro, o tengo miedo de asumir aquello que estoy diciendo?
Es muy fácil diluir una idea en frases complejas y cubiertas de significados contrapuestos, para aquietar la ansiedad que se corresponde a aquella emoción desatada, sin hacerse responsable de la verdadera idea verbalizada.
Basta de fabricar agua con los dedos. Basta de adornar sueños truncos. Basta de esperar a que llegue el huracán para soltar las palabras al aire.
Hoy te quiero mostrar mis estrellas.
Hoy te quiero.

Miguel Ángel Bustos - Temblor de cielo

Mi cara a las estrellas,
mis dedos al agua.
Viento
puro.
Temblor
tibio.
Te quiero.

domingo, 25 de agosto de 2013

Excusas

Quizás consiga alguna excusa para ir hacia vos y que pase desapercibida. Quizás, también, pueda debatir en lenguaje coloquial sobre temas que permitan tomar una distancia suficiente para apreciarte y disfrutar de ese momento a tu lado, cómodo y, en buena medida, anónimo.
Quizás debo dejar de soñar, e imaginar el mundo propio de los quizases.
Hoy ya no creo en el quizás.
Tengo que dejar de teorizar, de imaginar y de soñar, sin actuar.
Te quiero compartir todo un mundo, y sé que te va a encantar.
No perdamos el tiempo.
Si me ves llegar, ya sabés a qué voy.
Podés buscar excusas, temas que te ayuden a tomar una distancia, y alegrarte en esa comodidad, anónima, teórica, con sueños seguros y acciones desvanecidas.
O podés sonreir, sabiendo que hay un mundo por delante.
Yo te voy a ver. Vamos a saber a qué vamos.

Liniers - Marzo 2011

domingo, 2 de junio de 2013

Un momento

Un breve texto del 1 de noviembre de 2009.

Eran épocas especiales, y surgieron como un aviso a mí mismo, a poder tomar atención de aquello que podía estar pasando, más allá de circunstancias puntuales, sino como un contexto más general; en donde no se trata de un evento aislado del resto, sino que en realidad se trata de una continua sucesión de actos y de resultados que, donde un día son tomados como algo positivo o negativo, al día siguiente pasan a ser completamente lo opuesto; demostrando entonces que no se trata de valorizar cada acción como tal, sino de poder descubrir el aprendizaje de fondo que se nos presenta en el momento.
De ese tiempo a esta parte pasó bastante agua bajo el puente, pero hay ideas que continúan en vigencia y sirven como recordatorio, tanto para saber descubrir quién fui, como para diferenciar quién soy ahora, qué cosas permanecen y cuáles fueron modificándose con el paso de los años.


Muchas veces uno se empeña por entender el significado de la vida mirando lo que le sucede en el presente, pretendiendo resolver su existencia futura de antemano... pero no se da cuenta que la vida hay que vivirla, no planearla, no manejarla, ni anticiparla... hay que saber que siempre hay un momento para todo, y si bien lo que hagamos hoy puede tener un efecto en nuestro futuro, asi como lo que pasó en el pasado es lo que nos hace estar acá hoy en día, en el fondo, la idea esencial es saber VIVIR la vida, y no analizarla como si fuese un examen permanente... después de todo, al único que tenemos que rendirle cuentas es a uno mismo y a Dios, el día en que dejemos de ser quienes somos en este mundo... pero todavía falta para eso... ;)

Carpe diem!
baquito®

domingo, 26 de mayo de 2013

Al juego vamos

Tengo mucho para decirte. Pero poco tiempo. Ojalá sea suficiente. Vamos.
Tuvimos un tiempo para hacer, un tiempo para soñar, y un tiempo para actuar. Pasados éstos, no tuvimos más opción que hacer frente a aquellas elecciones tomadas en épocas de decisiones laxas, de presiones vagas, de tiempos livianos. Esa liviandad es, sin lugar a dudas, la que nos llevó al punto en el que estamos.
La cordura dicen que se cuenta en vasos llenos o medianamente completos. Dicen algunos que se mide en litros, sin importar el contenido. Pocos se detienen a observar el líquido, menos incluso llegan a disfrutarlo. De esos todavía somos pocos, aun a expensas de nuestra salud, a crédito de una insania que el normal de las personas dicen que cultivamos.
La inocencia otros dicen haberla perdido al medir los mismos vasos y encontrarlos ya medio vacíos. Otros se jactan de haberse encontrado con vasos ya secos, producto de la edad, dicen. Producto de la experiencia, de sentirse escupidos y pisoteados, como disfrutando su desdicha. Me permito discernir, para sonar ingenuo entre ellos, pero plantando postura a partir de mi propia impureza.
El amor pone su firma en esos vasos, expresado en grietas que rasgan los bordes y generan surcos en el cristal, por donde el líquido de la esperanza se decide a filtrarse, escapándose hacia una transformación de la emoción, muchas veces expresada en un odio que no es más que el propio miedo a una soledad latente y silenciosamente presente en todo lo que uno hace dentro de uno mismo, y que no se permite compartir por mantener esa falsa creencia de que la convivencia generará nuevos surcos y nuevas filtraciones. Lo deja a uno expectante, denotando una pasividad absoluta ante el conformismo y una brutal desesperación que te inmoviliza.
Pero hoy no tengo tiempo para pensar en vasos. Hoy sos vos, Vida, que te plantas de frente. Vida y Muerte. No sos mas que yo mismo, buscando crédito ante tanta cristalería barata y tergiversada, presentándote en tiempo y forma como siempre lo hacés, para que haga algo al respecto.

No tengo más nada para decirme. Ahora es cuestión de hacerme caso.
Vivir, sin más.
Allá vamos.


Juan Gelman - el juego en que andamos 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices. 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro. 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados. 
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Amapola

¿Sabés? Yo sabía que te iba a ver. Quizás te sorprenda, o no quieras creerme que lo sabía, pero es cierto. Quizás puedas pensar que es esa confianza la que me lleva a verte, y hasta existe la posibilidad que te permita creer eso. Pero no, no es eso tampoco.
Yo sabía que te iba a ver.
Sabía que, dado el momento, vos aparecerías ante mí. Que te vería con tu presencia, acompañada de mares y oleadas de sal, en aquella nostalgia del pescador solitario que aprendió a convivir con su tristeza en el silencio de una noche fría y mar adentro.
Sabía que te encontraría en el tumulto de un día cualquiera, resaltando entre la multitud de gente que no sabe ver, y que no se permite percibirte a paso lento entre tantos apuros en veredas de gente con destinos tan ciertos que llevan a replantearse si es el destino deseado para tantos días comunes.
Que te descubriría escondida entre constelaciones, en una noche calurosa de un verano entre fogones y montañas, jugando a aparecerte entre andrómedas y osas mayores, coqueteando con satélites y estrellas fugaces.
Estoy seguro que, en caso de desearlo, podría ir en busca del punto donde el arcoiris se encuentra con el suelo, en un acto de romance absoluto entre el cielo y la tierra, y no habría en ese punto otra persona más que vos.
Hoy camino entre la gente, disfruto de la garúa que cae sobre mí, llego al río y espero la noche, acompañando con la mirada a cada una de las estrellas que se empiezan a asomar, testigas ellas de mi soledad. Hoy no te veo, pero te saludo, y te espero.
Yo se que te voy a ver.


Amapola - Juan Luis Guerra  
Abre las hojas del viento mi vida
ponle una montura al rio
cabalga y si te da frío te arropas
con la piel de las estrellas
de almohada la luna llena mi vida
y de sueño el amor mio. 
y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver
que te voy a ver
y un arcoiris me pintó la piel
para amanecer contigo. 
Cierra la noche y el día mi vida
para que todo sea nuestro
y una gran fuga de besos
se pose sobre tu boca
y que el trinar de las rosas mi vida
te digan cuanto te quiero. 
y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver
que te voy a ver
y un arcoiris me pintó la piel
para amanecer contigo. 
y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver
que te voy a ver
y un arcoiris me pinto la piel
para amanecer contigo…