Tengo mucho para decirte. Pero poco tiempo. Ojalá sea suficiente. Vamos.
Tuvimos un tiempo para hacer, un tiempo para soñar, y un tiempo para actuar. Pasados éstos, no tuvimos más opción que hacer frente a aquellas elecciones tomadas en épocas de decisiones laxas, de presiones vagas, de tiempos livianos. Esa liviandad es, sin lugar a dudas, la que nos llevó al punto en el que estamos.
La cordura dicen que se cuenta en vasos llenos o medianamente completos. Dicen algunos que se mide en litros, sin importar el contenido. Pocos se detienen a observar el líquido, menos incluso llegan a disfrutarlo. De esos todavía somos pocos, aun a expensas de nuestra salud, a crédito de una insania que el normal de las personas dicen que cultivamos.
La inocencia otros dicen haberla perdido al medir los mismos vasos y encontrarlos ya medio vacíos. Otros se jactan de haberse encontrado con vasos ya secos, producto de la edad, dicen. Producto de la experiencia, de sentirse escupidos y pisoteados, como disfrutando su desdicha. Me permito discernir, para sonar ingenuo entre ellos, pero plantando postura a partir de mi propia impureza.
El amor pone su firma en esos vasos, expresado en grietas que rasgan los bordes y generan surcos en el cristal, por donde el líquido de la esperanza se decide a filtrarse, escapándose hacia una transformación de la emoción, muchas veces expresada en un odio que no es más que el propio miedo a una soledad latente y silenciosamente presente en todo lo que uno hace dentro de uno mismo, y que no se permite compartir por mantener esa falsa creencia de que la convivencia generará nuevos surcos y nuevas filtraciones. Lo deja a uno expectante, denotando una pasividad absoluta ante el conformismo y una brutal desesperación que te inmoviliza.
Pero hoy no tengo tiempo para pensar en vasos. Hoy sos vos, Vida, que te plantas de frente. Vida y Muerte. No sos mas que yo mismo, buscando crédito ante tanta cristalería barata y tergiversada, presentándote en tiempo y forma como siempre lo hacés, para que haga algo al respecto.
No tengo más nada para decirme. Ahora es cuestión de hacerme caso.
Vivir, sin más.
Allá vamos.
Juan Gelman - el juego en que andamos
Si me dieran a elegir, yo elegiríaesta salud de saber que estamos muy enfermos,esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiríaesta inocencia de no ser un inocente,esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiríaeste amor con que odio,esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,que me juego la muerte.
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