Llueve. Nuevamente llueve.
Con esfuerzo me repongo, me levanto y observo la ventana. Allá abajo, la vereda empapada y el pájaro que pelea con una hoja de árbol, un instante antes de ser arrastrada por la corriente.
Es tan influyente la lluvia: Te encuentra acompañado y hace de ese momento una experiencia única.
Te encuentra solo y te hunde en esa soledad. Quizás estás cómodo solo, pero ella viene y arrastra todo aquello que se va acumulando en la quietud de cualquier vida seca, y te desnuda, te deja de frente con quien la suerte te llevó a ser, fuera de toda conformidad absurda.
No hay excusa que te permita disfrazarte de alguien que no sos, cuando la lluvia llega.
Las hojas siguen arrastrándose por la vereda, empapadas, indefensas ante ese río que no cesa.
Cambio.
Acción.
Abro la puerta y salgo a encontrarme con aquello que está ahí, esperándome. La corriente me espera, impasible, manteniendo su flujo. Camino, introduzco un pie, el otro. Me sumerjo en ella.
Ya no estoy solo.
AH, SI - Charles Bukowski
existen cosas peores que
estar solo
pero a menudo lleva décadas
darse cuenta
y la mayoría de las veces
cuando lo hacés
es demasiado tarde
y no hay nada más terrible
que
demasiado tarde.
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