viernes, 3 de agosto de 2012

Arena

"Tu única obligación en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo" - R. Bach


Ella llegó al lugar estipulado para la reunión 15 minutos antes de lo pautado. Miró al interior y no vio nada, la escalera no permitía encontrar ninguna mirada cómplice para corroborar que estaba en donde debía de estar. Entonces esperó.
Él ya estaba ahí, y lo estaba hace tiempo. Ya se había acostumbrado a hablar de horarios antes y después del momento de consenso. El tiempo ya lo había ubicado en su lugar, ese en donde debía estar. Y ese momento siempre era antes.
Pero los 15 minutos finalmente pasaron; y ella encontró el modo de llegar ahí, de llegar adentro; de poder participar; de poder, de algún modo, pertenecer. Al fin y al cabo, era ahí, entre toda esa gente, en donde estaba él. Y muchos más.

Porque él no era sólo él. y su lugar no era ese, su lugar no se encontraba en donde ningún otro puede estar y, por más que sea un lugar tan especial, no permitía hablar de uno mismo sin poner en la misma balanza el peso de los demás.
Él eran todos. Era el lugar, y era todavía más que eso. Era una convicción.
Y ya no se trataba de ella, ni de él.
Se trataba de un sueño, de un impulso. De encontrar eso que lo mueve a uno, y encontrar que, en ese movimiento, no estamos solos. Y hay otros que se mueven al mismo ritmo que vos, que otros te persiguen desde atrás, y algunos pocos te llevan ventaja, pero sólamente para mostrarte un camino, y ayudarte a tomar el impulso para trascender...

Entonces ella empezó, y con ella empezaron los demás a hacer eso a lo que vinieron, a realizar ese acto que los reunía en ese lugar, para poder luego extenderlo más allá de esas paredes, de esa escalera, de esa calle, y de ese barrio. Ella no lo entendió hasta ese momento, pero ahora todo estaba mucho más claro.
No hace falta más que la voluntad para poder hacerlo, y la determinación de poder llevar ese deseo a cabo, para poder cumplir con lo que, en otro tiempo, resultaba imposible. Y por más pequeño que resulte ese cambio, por más que uno no consiga apreciar su importancia o percibir cuál es su efecto, ese acto siempre produce una transformación. No es otra cosa más que un grano de arena, quizás... pero toda playa arranca por uno.

"Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable" - E. Galeano

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