- Vamos por partes, pero directo al grano: ¿tenés secretos?
- ¿Cómo?
- Dale, me escuchaste bien. ¡Secretos! Si tenés secretos.
- Ok. Emmmm... no.
- ¿No?
- No.
- ...
- No.
Ella levantó la mirada. Lo observó atentamente. No. No parecía mentir. Cero secretos, está bien. Aun así, no se iba a dar por vencida. Continuó por un instante con su actividad, disfrutando de cada doblez que realizaba en el papel. Poco tiempo antes aprendió a hacer una grulla y pretendía repetir el proceso, paso por paso, a fin de fijar conceptos. Se repetía la información, punto a punto y a sí misma, para poder retenerla. ¿No era lo mismo con los secretos?
- Y entonces, ¿cómo hacés para recordar?
- Seguimos con los secretos, veo.
- Vamos, en serio.
- Simplemente recuerdo.
- Te equivocaste.
- ¿Cómo?
- Ahí, te equivocaste. Ahí. Tenías que doblar al revés.
- Ah...
- Y con lo otro también.
- ¿También me equivoco?
- También tenías que doblar al revés...
¿Doblar al revés? ¿Qué quería decir ella con doblar al revés? Solía evitar hablar de absolutos, pero confiaba en poder asegurar que nunca tuvo secretos. Sin embargo, esta aseveración lo descolocó.
- ¿Al revés?
- Sí, al revés.
- No entiendo.
- No te pido que me confieses ninguna verdad, ni pido que retengas aquello que aun no has compartido. No me refiero a eso al hablar de secretos.
- ¿Entonces?
- Todos tienen secretos, pero no por eso dejan de estar abiertos con quienes tienen alrededor. Muchos secretos sirven para recordar informaciones importantes, y otros sirven para poder acercarse a aquellos seres que uno quiere, y que a veces necesitan que uno consiga retener ese secreto. Algunos sirven de cofre, mientras otros sirven de llave. Es así de simple.
- ¿Y por qué me contás esto?
- ja ja. Sabía que te lo preguntarías. La respuesta es obvia.
- ¿Cómo?
- Soy la señorita secretista.
- ¡Señorita..!
- Pero shhhhh... ¡No se lo digas a nadie!
Ya las grullas estaban terminadas, ya las dos se permitieron volar en los aires de la imaginación, a ese mundo interno, paralelo, en donde la percepción y valuación del silencio propio de los secretos carece de sentido alguno. Allá donde ellos dos también se permitieron ir, juntos, compartiendo aquello que los unía, como un secreto de intimidad.
Epílogo: la grulla es un animal que simboliza la prudencia y la vigilancia. Una antigua leyenda japonesa dice que quien haga mil grullas de papel recibirá un deseo.
Epílogo: la grulla es un animal que simboliza la prudencia y la vigilancia. Una antigua leyenda japonesa dice que quien haga mil grullas de papel recibirá un deseo.
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