domingo, 11 de noviembre de 2012

A Luis III: locos mundos

Loco, ¡pero loco lindo!
Me miras, tenés la certeza de verme ahí parado, en frente tuyo, mas no podés descifrar si yo estoy ahí, realmente. Quizás te esforzás, detenés la mirada, atenta en la mía, y aun así no lo conseguís. Una vez más, te probás errada, o al menos contrariada.
Te sonrío.
Te muestro una realidad. Te presento otra. Te dibujo una sonrisa, una en mis labios. Una en tu cara, también, igual.
Te abrazo.
Extiendo mis brazos, extiendo mi intimidad, te invito a pasar. Hola. Acá estamos, vos, yo, y yo también. Si te lo permitís, vos (vos) también podes venir.
Te lo permitís.
Enfrentamos entonces el cuerpo, ustedes y nosotros, y nos decidimos a saludarnos. Ahora sí: Hola. Nos damos los brazos, te saludo el codo. Mucho gusto, encantado. Hola, piel. Hola, escalofríos. Hola, cintura. Curvas, bosques, luces, sombras. Hola a tu mundo, te presento el mio.
Somos ciertos.
Ojos cerrados, cuerpos abiertos. En silencio, y así hablamos. Inclino la cara, te respiro. Escribo y describo en vos una manta, te abrigo desde tu cintura. Me respondés entre caricias, saludando en vientos y mareas, flotando.
Indeterminación.
Nadie sabe cuándo puede terminar. Te acerco. Me abrazás más fuerte. Tenés la certeza de tenerme ahí abrazado, en frente tuyo, mas no podés descifrar ya si estoy ahí, realmente.
Y desde dentro, te sonrío.

               Los locos corren
          por el pasto sin gritos
          por la pradera venenosa
          y por la piel entre la luna

               y los locos giran
          sin temor al mareo
               de la casa al árbol
          de la ayuda al horror

               cuando uno de los locos hable
          los cuerdos retozando en la penumbra
          oirán el ruido
          y verán las verdades

               los locos que parecen aprisionados
          por la muerte selecta del escándalo
          tienen pechos rugosos
          y bordeados de lumbre
               y los locos lo saben

               desde su atónito lenguaje
          por insterticios de meninges espectaculares
          los locos se precipitan
          a paralizar el mundo de la muerte
               aunque más no sea
          para sentarse a llorar

               no hay soles en sus días
          y en sus noches
          sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado

               por eso
          y porque la ventosa de fuego
          rebalsa de temor
          ante la fantasía de los sanos;
          el obturador de los locos está presto
          como una lanza
               y al perforarnos de una vez
          con una certera puntada entre la vida y el cielo...

          L.A.S. - guitarra negra - los locos

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