Loco, ¡pero loco lindo!
Me miras, tenés la certeza de verme ahí parado, en frente tuyo, mas no podés descifrar si yo estoy ahí, realmente. Quizás te esforzás, detenés la mirada, atenta en la mía, y aun así no lo conseguís. Una vez más, te probás errada, o al menos contrariada.
Te sonrío.
Te muestro una realidad. Te presento otra. Te dibujo una sonrisa, una en mis labios. Una en tu cara, también, igual.
Te abrazo.
Extiendo mis brazos, extiendo mi intimidad, te invito a pasar. Hola. Acá estamos, vos, yo, y yo también. Si te lo permitís, vos (vos) también podes venir.
Te lo permitís.
Enfrentamos entonces el cuerpo, ustedes y nosotros, y nos decidimos a saludarnos. Ahora sí: Hola. Nos damos los brazos, te saludo el codo. Mucho gusto, encantado. Hola, piel. Hola, escalofríos. Hola, cintura. Curvas, bosques, luces, sombras. Hola a tu mundo, te presento el mio.
Somos ciertos.
Ojos cerrados, cuerpos abiertos. En silencio, y así hablamos. Inclino la cara, te respiro. Escribo y describo en vos una manta, te abrigo desde tu cintura. Me respondés entre caricias, saludando en vientos y mareas, flotando.
Indeterminación.
Nadie sabe cuándo puede terminar. Te acerco. Me abrazás más fuerte. Tenés la certeza de tenerme ahí abrazado, en frente tuyo, mas no podés descifrar ya si estoy ahí, realmente.
Y desde dentro, te sonrío.
Los locos corren
por el pasto sin gritos
por la pradera venenosa
y por la piel entre la luna
y los locos giran
sin temor al mareo
de la casa al árbol
de la ayuda al horror
cuando uno de los locos hable
los cuerdos retozando en la penumbra
oirán el ruido
y verán las verdades
los locos que parecen aprisionados
por la muerte selecta del escándalo
tienen pechos rugosos
y bordeados de lumbre
y los locos lo saben
desde su atónito lenguaje
por insterticios de meninges espectaculares
los locos se precipitan
a paralizar el mundo de la muerte
aunque más no sea
para sentarse a llorar
no hay soles en sus días
y en sus noches
sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado
por eso
y porque la ventosa de fuego
rebalsa de temor
ante la fantasía de los sanos;
el obturador de los locos está presto
como una lanza
y al perforarnos de una vez
con una certera puntada entre la vida y el cielo...
L.A.S. - guitarra negra - los locos
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