Un día de esos, el chico se sube al tren, con dirección a Tigre. Va viendo pasar las estaciones, la gente acompaña al día de sol, sobran las bicis, y los carritos. Se baja en Acassuso, ya le avisaron que es un muy buen lugar para estirar las piernas, y abrazar un rato el pasto con aire de río. Camina las cuadras que lo separan de su objetivo, encuentra un naranjo repleto de frutas, y agarra una para el camino. La disfruta, la siente en su mano, y no puede evitar ese instinto que guarda desde muy chico, toma envión y lanza ese disco de color vivo al cielo, una y otra vez. Juega a acompañar el vuelo con sus pasos, a regular la velocidad y la inclinación para encontrarse uno, dos, cinco pasos más adelante. Frena un instante, agarra nuevamente la fruta y se lo acerca a la cara. La analiza, la mira detenidamente, observando su forma, preguntándose cómo puede formarse algo tan hermoso de una semilla. Luego la huele, y nota ese perfume que le invade ya todas sus manos, su nariz y hasta sus pulmones, una y otra vez. Deja de caminar, e incluso cierra los ojos para prestarle aún más atención a ese olor, transportándose a uno de sus mundos paralelos, quizás propio de otra época, de otra región, pero que era tan fácilmente representado en esas circunstancias, con ella su compañera frutal.
Algunas respiraciones después, el chico sonríe y abre los ojos nuevamente, siguiendo así con su camino en este mundo urbano, hacia su prefijado objetivo, ese microcampo en medio de la ciudad. Baja la barranca por un camino escondido, donde no muchos se animan a adentrarse, pero los conocidos aprovechan para disfrutar de esta pendiente de poca gente y muchas aventuras. Saluda, se entretiene por un instante viendo a estos aventurosos en sus artes, y sigue bajando. Cuenta con todo el tiempo del mundo, sin nada que lo ate a algún tiempo futuro, pero el sol empieza a acomodarse cerca del horizonte, y - bien sabe él - los atardeceres en el río son un espectáculo digno de ver. Y no quiere perder la oportunidad.
Una vez en el río, se acerca al descampado, y observa rápidamente a toda la gente allí ubicada. No le sorprende la cantidad, sino que descubre, gratamente, que la actitud dista mucho de la observada en el resto de la ciudad. El ritmo se puede sentir distinto, el aire se percibe con olor a escape, y todos parecen disfrutar de ese anunciado ocaso. Encuentra entonces el lugar que más lo llama, se sienta, apaga la música y, por un momento, se dedica a aquietar el cuerpo y la mente, observando los veleros y las nubes en el horizonte, que ya empiezan a fundirse entre cielo y agua, agua y cielo. Luego, y aprovechando los últimos rayos de sol, toma su libro - El país de las últimas cosas (Paul Auster) - y se dispone a leer.
"Lo principal es no acostumbrarse, porque los hábitos son nocivos; incluso la centésima vez que te topas con una cosa, debes hacerlo como si no la conocieras de antes. No importa cuántas veces, siempre debe ser la primera. Esto es casi imposible, ya lo sé, pero es una regla absoluta"
¿Qué sería del mundo sin la sorpresa? ¿Qué ocurriría si uno conociese ya todo lo que le puede aparecer de aquí en adelante? ¿Estaría dispuesto a aceptar una rutina como propia, a repetir el proceso día tras día? ¿Es la comodidad de la costumbre una respuesta? El chico frena por un instante la lectura, intentando replicar en su memoria al menos uno de sus últimos días, sin grandes resultados. Respira algo más aliviado, y continúa leyendo.
"¡Tantos de nosotros nos hemos convertido otra vez en niños! No es que lo hayamos buscado, ya me entiendes, ni que seamos conscientes de ello. Pero cuando la fe desaparece, cuando comprendes que ni siquiera te queda la esperanza de recuperar la esperanza, entonces tiendes a llenar los espacios vacíos con sueños, pequeñas fantasías y cuentos infantiles que te ayuden a sobrevivir. Hasta a la gente más endurecida le resulta difícil contenerse; de repente dejan lo que están haciendo y se sientan a hablar de los deseos que han ido brotando en su interior"
Ahora la nueva pausa viene acompañada del recuerdo de años antes, siendo entonces un niño, y su costumbre de crear esos sueños, esos mundos imaginarios que lo acompañaron en largos momentos de soledad. Solía contar con una gran imaginación, y disfrutaba explorarla al máximo; y se sintió identificado con esto, ¿a quién no le gustaría volver a sentir esas emociones tan agradables, como un rescate ante situaciones desesperanzadoras? Pero ahora la cuestión era poder descubrir si era realmente necesario acudir a los sueños, como refugio. ¿Se puede disfrutar de los sueños, sin necesidad de refugiarse en ellos?
"La mejor política en la ciudad es creer sólo en lo que ven tus propios ojos. Aunque ni siquiera ése es un método infalible ya que muy pocas cosas son lo que aparentan ser, especialmente aquí con tanto que asimilar a cada paso, con tantas cosas que desafían el entendimiento (...). No es tan simple, ya ves, decir lisa y llanamente: <<estoy ante una criatura muerta>>. Tu mente parece negarse a formar las palabras, no puedes forzarte a pronunciarlas, ya que aquello que tienes delante no es algo que puedas separar fácilmente de ti mismo. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de aquello que te hiere; no puedes simplemente mirar porque, en cierto modo, cada cosa te pertenece, forma parte de la historia que se desarrolla en tu interior. Supongo que debe ser bueno endurecerse hasta tal punto que nada pueda afectarte nunca más; pero entonces te quedarías solo, tan absolutamente al margen de los demás que la vida se volvería imposible"
Llegado a este punto, ya deja de leer. El sol se encuentra despidiendo los últimos minutos de luz, las nubes rojizas y violáceas pintan el cielo, al mismo tiempo que las sombras de los árboles llaman a acostarse en el pasto, a la espera de las primeras estrellas de la noche. Entonces, en esa espera, vuelve su pensamiento a la lectura, y se descubre en esa sensación de pertenencia, en una sensación que lo lleva a ser uno mismo con todo lo que lo rodea. Ya le había pasado más de una vez, de encontrarse afectado por su entorno, y de preguntarse si era necesario eso, o si podía evitarse. Pero al mismo tiempo, tal como lo leído, entiende que forma parte de su misma esencia, y es ese comportamiento el que lo lleva a reforzar, una vez más, su concepción de la vida como una sucesión de efectos vinculares, que al mismo tiempo nos definen como individuos, como nos reune con el resto de la sociedad e, incluso, con el resto de los seres. Yo soy yo - se repite a sí mismo - y soy yo con el Universo.
Vuelve de su pensamiento, ya con el cielo cubierto de estrellas, y encuentra, en esta visión, su resguardo. Y no se trata entonces de buscar cobijo en la costumbre, ni tampoco huir en sueños, sin hacer frente a la realidad. Tampoco de cerrarse a aquello que sucede a nuestro alrededor, en la esperanza de que, si no lo siento, no existe realmente. Es parte de la vida, poder aprender a aceptar esa realidad tal como nos es presentada, y obtener lo mejor de ella, al mismo tiempo que uno da lo mejor de sí mismo, para así estar en comunión con todo aquello que nos rodea.
Disfruta entonces de esa sensación, de poder identificarse como individuo, pero al mismo tiempo como uno más dentro de algo mucho más grande, y de poder sentir que sus acciones generan resultados en ambas realidades. Disfruta también de esa responsabilidad, de ese poder, y de esa posibilidad.
Entonces decide volver sus pasos, retornar a la ciudad, pero ahora con otra idea en la mente, con otra percepción de esas personas a su alrededor, ya contagiado por la magia del lugar, con el cambio de ritmo ya asimilado en su cuerpo y en su pensamiento. Y en el camino de vuelta, se encuentra con un mural, y una última frase.
"Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver pero que no miran" - José Saramago
El chico no puede evitar sonreír, y pensar: José, tan cierto es tu pensamiento, y al mismo tiempo hay tantos actos, acciones y realidades que permiten refutarlo, cuando uno se anima a mirar...
| Mural de José Saramago - Juan Díaz de Solís y Montes Grandes, Acassuso |
muy bueno...y ciertamente muy luna llena piscis virgo! :) abrazo domingueroooo
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